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SaintGermain

La vida de la corte y de la alta aristocracia se desenvolvía en
un ambiente de lujo
efinado, relajación moral e interés por las misteriosas Ciencias
Ocultas. Por
entonces y en 1758, apareció en Francia el Conde de Saint Germain
procedente de
Holanda, Inglaterra y Alemania, países visitados por él en
discretas misiones
políticas ya que requerían de sus servicios altas personalidades
del Gobierno en
distintas naciones.
Era un hombre elegante, educado, considerado muy rico por la gente; aunque
había gran curiosidad porque se desconocía el origen de su
considerable fortuna y
onde estaba depositada. También se ignoraba su nacionalidad y su
origen, si era
español, italiano, alemán, francés, polaco, holandés
e incluso egipcio, ¡pues tantas
nacionalidades le atribuían! porque hablaba a la perfección
las más conocidas len-
uas europeas: Francés, inglés, italiano más el chino,
árabe y sánscrito.
Saint Germain asombraba y desconcertaba a la nobleza no sólo por
su gran eru-
icción y su fácil palabra sino por el misterioso atractivo
que envolvía a su persona. Se
decía de él que no permanecía mucho tiempo en un mismo
lugar y que desapare-
cía discretamente sin avisar ni que nadie le hubiera visto pasar
a través de las puer-
tas. Vivía en toda Europa; pero, cuando se cansaba, se iba al Tibet,
a Africa, México
y Constantinopla. En aquellos tiempos en los que viajar no era tan fácil
como ahora,
este hecho resultaba muy sorprendente.
Igualmente asombraba su aspecto de permanente y radiante juventud. Algunos
pensaban que el Conde de Saint Germain tenía 300 años, 150
o 160 quizás y que se
rejuvenecía cuando era demasiado viejo. También resultaban
muy sorprendentes sus
vastos conocimientos y aptitudes no sólo para la Política
sino para las Artes, las
Ciencias, la Poesía, la Medicina, la Química, la Música
y la Pintura. Tocaba el violín
con destreza, cantaba, era compositor de varias partituras exitosas, pintaba
cuadros
históricos y naturales de gran calidad. Tenía una prodigiosa
memoria para recordar
nteresantes datos de tiempos pasados, sabía Psicometría,
podía domesticar a las
abejas y amansar a las serpientes por medio de la música. Era un
natural
clarividente con gran facilidad para leer en los rostros de las personas
por lo cual
comprendía todo con gran rapidez.
Poseía la rara cualidad de ser ambidextro; es decir: escribir con
las dos manos a la
vez y simultáneamente, un texto auténtico. No profesaba religión
alguna por lo cual
fue censurado de materialista. Se rumoreaba que se alimentaba de gotas
de oro
líquido, pues nadie lo había visto comer o beber ni aún
en los banquetes donde era
invitado, lo cual bien podía ser una fantasía de las muchas
que se propagaban sobre
su persona. Tampoco se le conocían aventuras amorosas con mujeres,
si tenía
familia e hijos. Fabricaba diamantes y piedras preciosas sacándolas
de la nada;
aunque, privada y discretamente, quitaba las manchas oscuras a los diamantes
y los
producía él mismo para regalarlos.
¿Quién era ese enigmático personaje que asombraba
tanto a la nobleza de
distintos países? Se desenvolvía en altos medios sociales.
Al llegar a Francia, logró
la amistad personal del rey Luis XV y de su amante o favorita, Madame la
Pompa-
dour, quienes lo apreciaban mucho. Esto ocasionó bastante rechazo
y envidia de los
cortesanos, en parte de la aristocracia y dio lugar a una persecución
ensañada pro-
cedente de peligrosos detractores que lo atacaban, lo calumniaban como,
por ejem-
plo: El depravado Casanova, considerado un "don Juan", Cagliostro, el Duque
de
Choisseul y el señor D'Affy, quienes lo llamaban charlatán,
impostor, aventurero e in-
solente. Por ello, vemos que el Conde de Saint Germain era tanto amado
como odia-
do, que la gran admiración y respeto tenía su contraparte
como siempre sucede con
los personajes brillantes y valiosos.
Para más difamarlo, le crearon un doble pagando altas sumas de dinero
al cómico
ilord Gower que se le parecía mucho y lo imitaba a la perfección.
Esto era para
dejarlo en ridículo con una sátira grotesca, pues mister
Gower andaba
pavoneándose por los salones de la alta aristocracia diciendo que
había conocido a
Jesucristo, a la Virgen María, a Poncio Pilatos y contando historias
que
desprestigiaban al Conde de Saint Germain. Con ese papel tan bien estudiado,
Gower se sentía feliz porque, ganaba mucho dinero. No se sabe como,
de pronto,
ower desapareció apresuradamente de Francia sin que se supiera que
nadie lo
hubiera amenazado. A la labor de ese ser, se deben muchas de las calumnias
y
falsas historias que todavía persisten, incluso escritas en los
libros como datos histó-
ricos. La huida misteriosa de Gower dio mucho que pensar.
Para explicar
os orígenes del
Conde de Saint
Germain, de
donde él
procedía, había
arios relatos.
Se rumoreaba
que era hijo
natural (un
bastardo) de la
eina Ana de
Neuburgo, viuda
del rey Carlos II
de Espa- ña;
pero igualmente
le atribuían su
paterni- dad a
poderosas
señoras, reyes y
persona- jes
importantes de
entonces.
También se
decía que era
hijo Rackoczy
de Transilvania
y de su primera
esposa Teleky,
lo cual es más
erosímil. Sobre
su permanente
juven- tud,
sucedió un
hecho algo
insólito por lo
realmente
comprobado:
La condesa
Gergy lo había
conocido en
Italia hacía
cincuenta años.
Cuando lo
volvió a ver en
Francia, ella
había
nvejecido
mucho; pero él
se conser- vaba
con la misma
juventud de
ntonces, lo cual
asombró
bastante a esta
noble señora.
Príncipe Rackoczy
Con respecto a la intriga de su nacionalidad y su origen, la princesa Amelia,
her-
mana de Federico II, le preguntó un día: ¿De qué
país es usted? El le contestó: "Soy,
señora, de un país que, por lo soberano, jamás ha
tenido hombres de origen extran-
jero", lo cual la dejó más confundida que antes. Se le conocen
distintos nombres con
los que se identificaba cuando visitaba los países europeos, porque
se conservan
datos históricos de ello en distintas épocas: Marqués
de Montferrat, Marqués de
ymar, Conde de Belmar, de Soltikov, de Wendome y de Saint Germain, Caballero
de
Schoening, Monsieur Surmont y Príncipe Rackoczy, lo cual indica
que él fue dife-
entes personajes sucesivos teniendo el mismo rostro y aspecto personal.
En 1784, se anunció oficialmente su muerte en Silesia (Prusia) en
el lugar llamado
ckenfoerda, hasta se enterró su cadáver y le hicieron funerales
civiles, porque la
iglesia le negó los religiosos; pero, un poco más tarde (1789)
volvió a reaparecer en
Francia donde conoció a la reina María Antonieta e incluso
participó en la Revolución
Francesa. También realizó una importante labor política
de liberación durante la Re-
olución Rusa, en el reinado de Pedro III y Catalina II.
Nunca se preocupó por sacar provecho personal a sus inventos e investigaciones
cuyo provecho ofrecía generosamente a las cortes de Europa, cuando
reyes y altos
personajes lo apoyaban para montar sus fábricas y manufacturas.
Por esta razón,
residió en el castillo de Chambord, junto al río Loira, transitoriamente
y poco después
de haber conocido a Luis XV. Se presentó ante él como negociante
en tintes para
telas, cerámica y sedas pues fijaba los colores de manera tan asombrosa
que ni el
aire y la lluvia los podían dañar, lo cual era muy sorprendente
por entonces. También
fabricaba bellos sombreros y trabajaba en la industria de cueros, aceite
comestible
con no muy buenos resultados porque se sentía explotado y, al final,
lo despojaron de
todas las mercancías producidas.
Practicaba también la Medicina de manera no común, en forma
discreta y cuando
se lo pedían. Se sabe que revivió a una joven que se envenenó
para salvar su honor
en el Parque de los Ciervos donde el libertino Luis XV tenía sus
aventuras con joven-
citas adolescentes, engañadas o compradas por dinero. Ante este
hecho insólito, el
rey la dejó en paz. También se conoce que curó de
la ceguera y la sífilis y que asistió
a la batalla de las Pirámides acompañando a Napoleón
con el nombre de señor
Hompesh; pero ni una bala lo alcanzaba. Este hombre-milagro que no moría
jamás y
era imperturbable ante los peligros, que había vencido la vejez
y la muerte, fue un
misterio durante mucho tiempo pues los relatos históricos hablan
de él en distintas
épocas. Habitó en casi todos los países de Europa,
se desenvolvió muy bien en las
cortes de los reyes, en los altos salones de la aristocracia. Sin jactancia
ni vanaglo-
ria, era renocido y respetado por sus grandes cualidades e insólitos
poderes; aun-
que también contaba con muchos enemigos y detractores.
Este relato es sólo un esbozo o síntesis de lo que históricamente
se conoce acerca
del Conde de Saint Germain; porque la verdadera historia espiritual ahora
la está
develando el Movimiento Metafísico Ray Sol. Por la enseñanza
transmitida aquí, po-
emos comprender que él hubiera de utilizar distintos nombres en
el transcurso de los
quinientos años de inmortalidad en servicio a la Luz y en ayuda
valiosa a la huma-
nidad de la Tierra.