| Más allá de las características
propias de una carismática se encontraba su imponente apariencia
física. En su época de máximo "esplendor", más
que creadora de un movimiento filosófico con tintes místicos,
su imagen pública dejaba mucho que desear. Su vocabulario, parco
en palabras bien sonantes, era la tarjeta de presentación de una
mujer de más de cien kilos, adicta a las drogas, fumadora empedernida,
de aspecto desaliñado y tez pálida.
En 1848 a la edad de 16 años se desposó
con Nicéforo Blavatsky, un hombre de avanzada edad que jamás
fue aceptado por nuestra protagonista; hasta tal punto llegó la
ficticia unión, fruto de un matrimonio pactado por los padres y
éste años atrás, que poco después la todavía
adolescente optó por seguir el camino de su corazón, y huyó
a Constantinopla. Jamás regresó a brazos de su esposo. Durante
este periodo de su vida todo son incógnitas. Sus biógrafos
no se ponen de acuerdo a la hora de situar en uno u otro lugar a Helena,
por lo que lo más acertado es pensar que emprendió una serie
de viajes que la llevaron a recónditos países.
Si hacemos caso a sus relatos, recorrió el mundo
realizando los más disparatados oficios; Tíbet, India, México
o Egipto fueron algunos de sus destinos. Dadas sus espléndidas dotes
en el arte de montar a caballo fue amazona en un circo ambulante, regentó
una factoría en Tiflis, en El Cairo llevó a cabo durante
meses un espectáculo de magia que fue acogido de buen grado por
un público que comenzaba a quedarse con el difícil nombre
de una personalidad aún más complicada. Comerció con
plumas de avestruz en vados países de África y según
narran las crónicas, sobrevivió a la explosión y posterior
hundimiento del Eumonia.
¿Conjeturas? Es posible. lo que es indiscutible
es que de nuevo aparece en las páginas de la Historia el 7 de julio
de 1873, tras su llegada a los muelles de Nueva York. Los primeros años
en Norteamérica no fueron venturosos. Había que buscarse
la vida, y así lo hizo. Cada día salía de su humilde
casa situada en la barriada del Lower East Side con dirección a
la fábrica de flores artificiales en la que trabajaba. Por aquellas
convulsas fechas los hermanos William y Horatio Eddy hacían las
delicias de detractores y creyentes en su granja de Chittenden, en el Estado
norteamericano de Vermont. El espiritismo era la práctica que atraía
hasta aquel lugar perdido y olvidado a miles de personas. Y allí
se dirigió H. P. B., como ya se hacía llamar, y presentándose
ante los implicados, con voz firme aseguró: 'He consagrado mi vida
a la buena nueva del espiritismo". No hizo falta más. A partir de
esos momentos la fama de Helena creció como la espuma. Apoyada por
un georgiano, un kurdo, un doctor islámico y varios sabios indios
su prestigio inició un imparable camino de ascenso. Uno de sus mecenas
fue el coronel Henry Steel Olcott, quien desde el principio quedó
prendado de los azules e hipnóticos ojos de la rusa. Juntos crearon
la Hermandad de Luxor, que en el año 1875 pasada a transformase
en la Sociedad Teosófica. La doctrina del recién nacido movimiento
quedó recogida en un texto de más de mil páginas llamado
"Isís sin velo", un mamotreto dictado según su autora "por
los Maestros de Sabiduría mediante la luz astral y los guías
espirituales". La crítica, mordaz como casi siempre, no tardó
en llegar, y muchos vieron en el volumen el plagio descarado de movimientos
como la cábala, el taoísmo, el hinduismo o el budismo, o
del pensamiento de sabios como Agrippa o Pitágoras.
Tres años más tarde Helena Blavatsky vio
realizado su sueño. Consiguió trasladar su cuartel general
a la India, su patria espiritual, y comenzaron los milagros; materializaciones
de objetos desaparecidos, premoniciones y un sinfín de seguidores
que se iban uniendo a la misteriosa doctrina. Empero, la parte más
interesante de estos supuestos fenómenos anómalos eran las
cartas que aparecían sin orden ni concierto en los más variopintos
lugares; almohadas, correo ordinario o maletas, en definitiva una correspondencia
cuyos remitentes eran los maestros espirituales...
En 1884 la Society for Psychical Research de Londres decidió
intervenir, llegando a la conclusión tras analizar el enigmático
correo astral de que 'no la consideramos ni como portavoz de poderes ocultos
ni como una simple y vulgar aventurera; creemos que se ha ganado el derecho
a ser recordada siempre como uno de los más cabales, ingeniosos
e interesantes impostores de la Historia'.
Tal afirmación, carente o no de razón, no
hizo mella en H. P B., que empezó a reclutar, o más que reclutar
a recibir a una masa humana deseosa de compartir sus conocimientos. Así
pues, entre sus más fervientes admiradores se encontraron Thomas
Alba Edison, Sir William Crookes, los poetas William B. Yeats y lord Tennyson,
y el supuesto inventor del béisbol, Abner Doubleday, entre otros.
En la actualidad son miles las personas que siguen la
Teosofía, un movimiento que pese a quien pese, se ha convertido
en un mito, al igual que su creadora, la eterna Madamme Helena Petrovna
Blavatsky. http://www.akasico.com/ |