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![]() Maestro Hilarión |
![]() Mabel Collins |
Antes
que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de llorar.
Antes
que el oído pueda oír, tiene que haber perdido la sensibilidad.
Antes
de que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros, debe haber perdido
la posibilidad de herir. Antes de que el alma pueda erguirse en presencia
de los Maestros es necesario que los pies se hayan lavado en sangre del
corazón.
1)Mata
la ambición. [1]
2)Mata
el deseo de vivir.
3)Mata
el deseo del bienestar.
4)Trabaja
como trabajan los que son ambiciosos. Respeta la vida como lo hacenlos
que la desean.Sé feliz como
lo son los que viven por la felicidad.Busca
en tu corazón la raíz del mal y arráncala. Esta raíz
vive en el corazón del discípulo fervoroso lo mismo que en
el hombre de deseos. Solamente el fuerte puede destruirla. El débil
tiene que esperar su crecimiento, su fructificación y su muerte.
Es ésta una planta que vive y se desarrolla a través de las
edades. Florece cuando el hombre ha acumulado en sí mismo existencias
innumerables. El que quiera entrar en la senda del poder, debe arrancarla
de su corazón. Y entonces del corazón brotará sangre,
y la vida toda del hombre parecerá desvanecerse por completo. Hay
que sufrir esta prueba; puede presentarse desde el primer peldaño
de la peligrosa escala que al sendero de vida conduce: puede no venir hasta
lo último. Pero acuérdate, ¡oh,
discípulo!, que tienes que pasar por esta prueba, y refuerza las
energías de tu alma para tal empresa. No vivas en lo presente ni
en
lo futuro, sino en lo eterno. Allí no puede florecer esta hierba
gigantesca: esta mancha de la existencia la borra la atmósfera misma
del pensamiento eterno.
5)Mata
todo sentimiento de separatividad. [2]
6)Mata
el deseo de sensación.
7)Mata
la sed de crecimiento.
8)Sin
embargo, mantente solo y aislado, porque nada de cuanto tiene cuerpo, nada
de cuanto tiene conciencia de la separación, nada de cuanto está
fuera de lo eterno puede acudir en tu auxilio. Estudia la sensación
y obsérvala, porque únicamente así puedes empezar
la ciencia del propio conocimiento, y colocar el pie en el primer peldaño
de la escala.
Crece
como la flor, inconscientemente, pero ardiendo en ansias por entreabrir
su cáliz a la brisa. Así es como debes avanzar abriendo tu
alma a lo eterno. Pero debe ser lo eterno lo que debe desarrollar tu fuerza,
y no el deseo de crecimiento. Porque en el primer caso floreces con la
lozanía de la pureza y en el otro te endureces con la avasalladora
pasión de la importancia personal.
9)Desea
únicamente lo que está en ti.
10)Desea
únicamente lo que está fuera de tu alcance.
11)Desea
únicamente lo que es inasequible.
12)Porque
en ti está la luz del mundo, la única luz que en el sendero
puede difundirse. Si eres incapaz de percibirla dentro de ti, es inútil
que la busques en otra parte. Está fuera de tu alcance, porque cuando
a ella llegues ya no te encuentras a ti mismo. Es inasequible, porque siempre
retrocede. Entrarás en el seno de la luz, pero no tocarás
nunca la llama.
13)Desea
ardientemente el poder.
14)Desea
ardientemente la paz.
15)Desea
las posesiones por encima de todo.
16)Pero
estas posesiones deben pertenecer al alma pura, y por consiguiente, deben
ser igualmente poseídas por todas las almas puras, siendo así
la propiedad especial del todo que unidas constituyen. Anhela las posesiones
propias del alma pura, a fin de que puedas acumular riquezas para aquel
espíritu común de vida que es tu único ser verdadero.
La paz que debes desear es aquella paz sagrada que nada puede turbar, y
en el seno de la cual, el alma crece como la flor santa en las lagunas
inmóviles. Y ese poder a que debe aspirar el discípulo, es
aquel que le hará aparecer como nada a los ojos de los hombres.
17)Busca
la senda. [3]
18)Busca
el camino penetrando al interior.
19)Busca
el camino avanzando resueltamente al exterior.
20)Búscalo,
pero no en una dirección única. Para cada temperamento existe
una vía al parecer más deseable. Pero no se encuentra el
camino sólo por la devoción, ni por la mera contemplación
religiosa, ni por el ardor de progreso, ni por el laborioso sacrificio
de sí mismo, ni por la observación estudiosa de la vida.
Ninguna de estas cosas por si sola hace adelantar al discípulo más
de un paso. Todos los peldaños son necesarios para recorrer la escala.
Los vicios de los hombres se convierten en los peldaños de la misma,
uno por uno, a medida que se van dominando. Las virtudes del hombre son,
en verdad, escalones necesarios, de los cuales no se puede en modo alguno
prescindir. Sin embargo, aunque crean una atmósfera bella y un porvenir
feliz, son inútiles sin son aisladas. La naturaleza toda del hombre
debe ser sabiamente empleada por el que desee entrar en el sendero. Cada
hombre es absolutamente para sí mismo el sendero, la verdad y la
vida. Pero esto lo es sólo cuando domina firmemente toda su individualidad,
y cuando por la energía de su despertada individualidad, reconoce
que esta individualidad no es él mismo, sino aquella cosa que él
ha creado trabajosamente para su uso, y por cuyo medio se propone, a medida
que su crecimiento desarrolla lentamente su inteligencia, alcanzar la vida
más allá de la individualidad. Cuando sabe que para esto
existe su asombrosa vida compleja y separada, entonces, en verdad, y sólo
entonces, se halla en el sendero. Búscalo sumergiéndote en
las espléndidas y misteriosas profundidades de lo más íntimo
de tu ser. Búscalo probando toda experiencia, utilizando los sentidos
a fin de comprender el desenvolvimiento y significación de la individualidad,
y la hermosura y oscuridad de estos otros fragmentos divinos que contigo
y a tu lado combaten, y que forman la raza a la cual perteneces. Búscalo
estudiando las leyes del ser, las leyes de la naturaleza, las leyes de
lo sobrenatural; y búscalo postrando tu alma ante la pequeña
estrella que arde en el interior. En tanto que vigilas y adoras con perseverancia
, su luz irá siendo más y más brillante. Entonces
podrás conocer que has encontrado el fin, su luz se convertirá
súbitamente en luz infinita.
[4]
21)Busca
la flor que debe abrirse durante el silencio que sigue a la tormenta y
no antes. La planta crecerá y se desarrollará, echará
ramas y hojas y formará capullos, en tanto que continúa la
tempestad y el duro combate. Pero mientras la personalidad toda del hombre
no se haya disuelto y desvanecido; mientras que el divino fragmento que
la ha creado no la considere como mero instrumento de experimentación
y experiencia; mientras la naturaleza toda no esté vencida y se
halle subyugada por su yo superior, no puede abrirse la flor. Entonces
sobrevendrá una calma como la que en los países tropicales
sucede a una lluvia torrencial, cuando la Naturaleza obra con tanta rapidez
que puede verse su acción. Una calma semejante se difundirá
sobre el espíritu fatigado. Y en el silencio profundo, ocurrirá
el misterioso suceso que probará que se ha encontrado el sendero.
Llámesela como se quiera, es una voz que habla donde no hay nadie
que hable; es un mensajero que viene, mensajero sin forma ni sustancia,
o bien es la flor del alma que se ha abierto. No hay metáfora que
pueda describirlo. Pero se puede presentir, buscar y desear, aún
en medio de la furia de la tempestad. El silencio puede durar sólo
un momento, o bien puede prolongarse un millar de años, pero tendrá
fin. Sin embargo, en ti residirá su fuerza. Una y otra vez tiene
que darse y ganarse la batalla. El reposo de la Naturaleza sólo
puede ser un intervalo. [5]
Estas
reglas expuestas son las primeras que han sido escritas en los muros del
Templo del Saber. Los que pidan, obtendrán. Los que deseen aprender,
aprenderán. [6]
LA PAZ SEA CONTIGO.
Tú,
que eres ahora un discípulo capaz de tenerse firme, capaz de oír,
capaz de hablar, que has vencido el deseo y alcanzado el conocimiento de
ti mismo; tú, que has visto tu alma en su flor y la has reconocido
y has oído la voz del silencio, encamínate al Templo del
Saber, y lee lo que allí está escrito para ti. [7]
1)Mantente
ajeno a la batalla que empieza, y aunque tú pelees, no seas el guerrero.
2)Busca
al guerrero y deja que pelee en ti.
3)Recibe
sus órdenes para la batalla, y obedécelas.
4)Obedécele,
no como si fuera un general, sino como si fueras tú mismo, y como
si sus palabras fuesen la expresión de tus secretos deseos; pues
él es tú mismo, aunque infinitamente más sabio y fuerte
que tú. Búscale antes de que en el fragor y fiebre de la
batalla puedas dejar de percibirlo; pues él no te reconocerá
a menos que tú le conozcas. Si tu grito llega a su oído atento,
entonces luchará en ti y llenará el triste vacío del
interior. Y si esto sucede, entonces podrás permanecer durante la
batalla sereno e infatigable, manteniéndote apartado y dejándole
pelear por ti. Entonces será imposible que des un golpe en falso.
Pero si no lo buscas, si pasas a su lado sin percibirle, entonces no hay
salvaguardia para ti. Tu cerebro se turbará, tu corazón se
tornará irresoluto, y en medio del polvo del campo de batalla, tu
vista y sentidos se oscurecerán; y no distinguirán tus amigos
de tus enemigos. Él es tu mismo; sin embargo, tú eres finito
y sujeto al error. Él es eterno y seguro. Él es la verdad
eterna. Una vez que haya penetrado en ti y se haya convertido en tu guerrero,
jamás te abandonará por completo, y en el día de la
gran paz, él y tú os convertiréis en uno.
5)Escucha
el canto de la vida. [8]
6)Conserva
en tu memoria la melodía que oigas.
7)Aprende
de ella la lección de armonía.
8)Tú
puedes entonces mantenerte erguido, firme como una roca en medio del tumulto,
obedeciendo al guerrero que eres tú mismo y tu rey. Indiferente
al combate, salvo en la ejecución de sus mandatos, y sin preocuparte
ya del resultado de la batalla, porque una sola cosa es importante: que
el guerrero venza, y tú sabes que no puede ser derrotado; permaneces
así, sereno y vigilante, y usa de la facultad de oír que
has adquirido por medio del sufrimiento y de la destrucción del
sufrimiento. Mientras no seas más que un hombre, sólo llegarán
a tus oídos fragmentos del gran canto. Pero si lo escuchas, imprímelo
fielmente en tu memoria, de suerte que no se pierda nada de lo que hasta
ti haya llegado, y trata de aprender de ello el significado del misterio
que te rodea. Con el tiempo no necesitarás instructor alguno. Porque
así como el individuo posee una voz, asimismo la posee aquello en
lo cual el individuo existe. La vida misma tiene su lenguaje, y nunca está
silenciosa. Y este lenguaje no es un grito como podrías suponer
tú, que eres sordo, sino un canto. Aprende de él que tú
eres una parte de la Armonía: aprende de él a obedecer las
leyes de la Armonía.
9)Observa
atentamente toda la vida que te rodea.
10)Aprende
a sondear de una manera inteligente el corazón de los hombres. [9]
11)Considera
ansiosamente tu propio corazón.
12)Porque
a través de tu propio corazón viene la luz única que
puede iluminar la vida y hacerla clara a tus ojos. Estudia el corazón
de los hombres a fin de que puedas conocer lo que es el mundo en que vives
y del cual quieres ser parte. Observa la vida que te rodea en constante
movimiento, en transformación incesante, pues está formada
por los corazones de los hombres; y a medida que vayas aprendiendo a conocer
su constitución y significado, gradualmente irás siendo capaz
de leer la palabra más grande de la vida.
13)La
palabra sólo viene con el conocimiento. Alcanza el conocimiento
y alcanzarás la vida. [10]
14)Habiendo
adquirido el uso de los sentidos internos, habiendo dominado los deseos
de los sentidos externos, habiendo subyugado los deseos del alma individual,
y habiendo obtenido el conocimiento, prepárate ahora, ¡oh,
discípulo!, a entrar realmente en el camino. El Sendero se ha encontrado;
disponte a recorrerlo.
15)Pide
a la tierra, al aire y al agua los secretos que guardan para ti. El desarrollo
de tus sentidos internos te permitirán hacerlo.
16)Pide
a los santos de la tierra los secretos que guardan para ti. El dominio
de los deseos de tus sentidos internos te permitirá hacerlo.
17)Pide
al íntimo, al uno, su secreto final que reserva para ti en el transcurso
de las edades. La grande y difícil victoria, el dominio de los deseos
del alma individual es obra de edades; por tanto, no esperes recibir la
recompensa hasta que se hayan acumulado edades y edades de experiencias.
Cuando haya llegado el tiempo de aprender esta regla 17, el hombre está
próximo a ser más que un hombre.
18)El
conocimiento que ahora posees, sólo es tuyo porque tu alma se ha
convertido en una con todas las almas puras y con el íntimo. Es
un depósito que el Altísimo te ha confiado. Abusa de ellos;
emplea mal tu conocimiento o descuídalo y aún es posible
que caigas del estado elevado a que has llegado. Almas grandes hay que
retrocedenen el umbral, no pudiendo
sostener el peso de su responsabilidad, incapaces de seguir adelante. Por
tanto, considera siempre ese momento del porvenir con temeroso respeto,
y prepárate para la batalla.
19)Está
escrito que aquel que se halla en los umbrales de la divinidad no puede
idearse ley alguna, ni puede tampoco existir guía. Sin embargo,
para que el discípulo comprenda la lucha final, puede expresarse
en estos términos:
Aférrate
a lo que no tiene sustancia ni conciencia.
20)No
prestes oído sino a la voz insonora.
21)No
mires más que lo que es invisible, tanto en el sentido interno como
al externo.
LA PAZ SEA CONTIGO.
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[2] No imagines que puedes separarte del hombre malvado o del insensato. Ellos eres tú mismo, aunque en grado menor que tu amigo o Maestro. Pero si dejas arraigar en ti la idea de separación de cualquier cosa o persona mala, al obrar así, creas Karma que te ligará a aquella cosa o persona, hasta que tu alma reconozca que no puede estar aislada. Recuerda que el pecado y el oprobio del mundo son tu pecado y tu oprobio, porque tú formas parte del mismo: tu Karma está entretejido de un modo intrincado con el gran Karma. Y antes de que hayas logrado el conocimiento es preciso que hayas pasado por todos los lugares así inmundos como puros.
Por lo tanto, ten presente que el vestido manchado, cuyo contacto te repugna, puede haber sido el tuyo ayer, o quizá lo será mañana. Y si horrorizado apartas los ojos de él una vez echado sobre tus hombros, más a ti se adherirá. El hombre que se cree justo se prepara un lecho de cieno. Abstente, no para permanecer limpio, sino porque el abstenerse es un deber.
[3] Estas tres palabras parecerán quizá muy insignificantes para constituir una regla por sí solas. El discípulo dirá: ¿Estudiaría yo estos pensamientos si no buscase la senda? Sin embargo, no te apresures a pasar adelante. Detente y medita un poco. ¿Es realmente el camino lo que deseas , o es que tu fantasía te ofrece una vaga perspectiva de encumbradas alturas que escalar, o un gran porvenir que abarcar? Ten presente la advertencia. El camino ha de buscarse por él mismo, no teniendo en cuenta tus pies que lo deben recorrer. Existe una relación entre esta regla y la 17 de la 2da serie. Cuando después de siglos de lucha y de numerosas victorias se gana la batalla final y se exige el último secreto, entonces estarás preparado para un sendero más avanzado. Cuando se haya dicho el secreto final de esta gran lección, en él está abierto el misterio del nuevo camino, sendero que conduce más allá de toda experiencia humana, y que se halla absolutamente fuera del alcance de la percepción e imaginación del hombre. En cada uno de estos puntos es necesario detenerse mucho y reflexionar bien. En cada uno de estos puntos es preciso estar seguro de que se ha escogido el camino por el camino mismo. El camino y la verdad vienen primero: luego sigue la vida.
[4] Búscalo probando toda experiencia, y no olvides que al decir esto no digo: cede a las seducciones de los sentidos, a fin de conocerlas. Antes de convertirse en ocultista puedes hacerlo, pero no después. Una vez que hayas escogido el sendero y entrado en él, no puedes ya sucumbir sin vergüenza a tales seducciones. Sin embargo, puedes experimentarlas sin horror, puedes observarlas y analizarlas, y esperar con paciencia y confianza la hora en que ninguna impresión causen en ti.
Pero no condenes al hombre que sucumbe: tiéndele la mano como a un peregrino hermano tuyo, cuyos pies se han entorpecido con el fango del camino. Ten presente, ¡oh, discípulo!, que por grande que sea el abismo que existe entre el hombre virtuoso y aquel que ha obtenido el conocimiento; y que es inconmensurable entre el hombre virtuoso y el que se encuentra en los umbrales de la divinidad. Por tanto, guárdate de imaginar antes de tiempo que tú eres algo distinto de la masa.
Cuando hayas encontrado el principio del sendero, la estrella de tu alma dejará ver su luz, y a su claridad advertirás cuán grande es la oscuridad en medio de la cual brilla. La mente, el corazón, el cerebro, todo está oscuro y en tinieblas, hasta que se haya ganado la primera batalla. Pero no por esto dejes que el espanto y el temor te dominen; mantén tus ojosfijos en la pequeña luz y ésta irácreciendo. Pero haz que la oscuridad interior te ayude a comprender la desolación de aquellos que no han visto luz alguna, y cuyas almas están sumidas en profundas tinieblas. No les censures, no te apartes de ellos, sino procura aligerar algún tanto el pesado Karma que al mundo agobia; presta tu ayuda a los pocos brazos vigorosos que impiden a las potencias de las tinieblas obtener una completa victoria. Obrando de esta suerte entrarás a participar de la felicidad, que acarrea, en verdad, un trabajo terrible y tristeza profunda, pero que es también un manantial de delicias sin fin.
[5]La expansión de la flor es el glorioso momento en que la percepción se despierta: con ella nacen la confianza, el conocimiento y la certeza. La pausa del alma es el momento de asombro, y el siguiente momento de satisfacción es el silencio.
Sabe, ¡oh, discípulo!, que los que han pasado por el silencio, y han sentido su paz y retenido su fuerza, ansían que pases tú también por él. Así, pues, cuando el discípulo sea capaz de entrar en el Templo del Saber, encontrará siempre a su Maestro.
[6] Los que pidan, obtendrán. Pero aunque el hombre ordinario pida continuamente, su voz no es oída. Porque pide tan sólo con la mente, y la voz de la mente no es oída sino en la esfera donde ella actúa. Por tanto, mientras no estén pasadas las 21 reglas, no digo los que pidan, obtendrán.
Leer en el sentido oculto, es leer con los ojos del espíritu. Pedir, es sentir el hambre interna, el deseo de aspiración espiritual. Ser capaz de leer significa haber obtenido en grado mínimo el poder de satisfacer esta hambre. Cuando el discípulo está en disposición de aprender, entonces es aceptado, reconocido y admitido. Así debe ser, por cuanto ha encendido su lámpara y no puede estar oculta. Pero es imposible aprender hasta que no se ha ganado la primera gran batalla. La mente puede reconocer la verdad, pero el espíritu no puede recibirla. Una vez que se ha pasado por la tormenta y se ha llegado a la paz, entonces es siempre posible aprender, aún cuando el discípulo dude, vacile y se desvíe. La voz del silencio mora en él, y aún cuando abandonase por completo el sendero, llegará un día, sin embargo, en que resonará y lo desgarrará en dos, separando sus pasiones de sus posibilidades divinas. Entonces, en medio del sufrimiento y de los gritos desesperados del abandonado yo inferior, él volverá. Por eso te digo: La paz sea contigo. Yo te doy mi paz, puede únicamente decirlo el Maestro a sus amados discípulos, que son como él mismo. Algunos hay, aún entre los que ignoran la sabiduría oriental, a quienes esto se les puede decir diariamente con mayor precisión.
Contempla las tres verdades. Son iguales.
[7] Ser capaz de tenerse firme, significa tener confianza; ser capaz de oír, es haber abierto las puertas del alma: ser capaz de ver, es haber alcanzado la percepción: ser capaz de hablar, es haber obtenido el poder de auxiliar a los demás: haber conquistado el deseo, es haber aprendido a servirse del yo y a dominarlo; haber alcanzado el conocimiento de sí mismo, es haberse retirado a lo interior de la fortaleza, desde donde el hombre personal puede ser contemplado con imparcialidad; haber visto tu alma en su flor, es haber obtenido una visión momentánea en ti mismo de la transfiguración que te convertirá eventualmente en más que un hombre; reconocer, es llevar a cabo la grande empresa de contemplar la luz resplandeciente sin bajar la vista y sin retroceder, presa del espanto, como ante un fantasma horrible. Esto sucede a algunos, y así pierden la victoria en el preciso momento de alcanzarla; oír la voz del silencio, es comprender que la única dirección verdadera viene del interior; encaminarse al Templo del Saber, es entrar en el estado en que es posible aprender. Entonces se escribirán allí para ti muchas palabras en caracteres de fuego que te será fácil leer; pues cuando el discípulo está pronto, lo está en el Maestro también.
[8] Búscalo y escúchalo primeramente en tu propio corazón. Al principio tal vez dirás que no está allí, que cuando buscas sólo encuentras discordancia. Búscalo más hondo. Si aún fracasas, detente un instante y mira todavía más hondo. En todo corazón humano existe una melodía natural, una fuente oscura. Puede estar cubierta y por completo oculta y misteriosa; pero allí está. En la base misma de tu naturaleza encontrarás la fe, la esperanza y el amor. Aquel que escoge el mal, rehusa mirar dentro de sí mismo, cierra sus oídos a la melodía de su corazón, así como cierra sus ojos a la luz de su alma. Y obra así porque encuentra más fácil vivir anegado en los deseos. Pero en el fondo de toda vida existe una corriente impetuosa que no reconoce obstáculo; las grandes aguas están allí realmente. Encuéntralas y percibirás que ninguno, ni aún la criatura más miserable, deja de ser parte de ellas, por más que procure cegarse y construirse una fantástica forma externa de horror. Todos los seres, entre los que penosamente avanzas, son fragmentos de lo divino. Y tan engañadora es la ilusión en que vives, que es difícil adivinar si percibirás primero la dulce voz en el corazón de otros. Pero sabe que seguramente se encuentra dentro de ti. Búscala ahí, y una vez que la hayas oído, la distinguirás más prontamente en torno tuyo.
[9] Desde un punto de vista absolutamente impersonal, pues de otro modo verías a través de un prisma falso. Por tanto, la impersonalidad tiene primeramente que ser entendida.
La inteligencia es imparcial: ningún hombre es tu enemigo; ningún hombre es tu amigo. Todos son igualmente tus instructores. Tu enemigo se convierte en un misterio que hay que resolver, aún cuando se necesiten siglos para ello; pues el hombre debe ser comprendido. Tu amigo se convierte en una parte de ti mismo, una extensión de ti mismo, un enigma difícil de descifrar. Sólo hay una cosa que sea más difícil de conocer: tu propio corazón. Antes que se hayan aflojado los lazos de la personalidad, no puede empezar a verse este profundo misterio del yo. Hasta que no estés apartado de ella, no será en modo alguno revelada a tu entendimiento. Entonces y sólo entonces podrás usar todos sus poderes y consagrarlos a un servicio digno.
[10] Es imposible que ayudes a los demás, hasta que no hayas adquirido alguna certeza de ti mismo. Cuando hayas aprendido las primeras 21 reglas y hayas penetrado en el Templo de la Sabiduría con tus poderes desarrollados y el sentido libre, entonces descubrirás que dentro de ti existe un manantial de donde brotará la palabra.
Después de la regla 13 no puedo añadir palabra alguna a lo que ya se ha escrito.
Yo te doy mi paz.
Estas notas han sido escritas únicamente para aquellos a quienes yo doy mi paz; para aquellos que pueden leer lo que he escrito con su sentido interno lo mismo que con el sentido externo.
RECOMENDACIONES
Para comprender mejor el contenido de esta valiosa obra teosófica, podemos leer los “Comentarios a las reglas de Luz en el Sendero” por Mabel Collins, editados por Kier en la colección “Joyas espirituales” junto al libro original y la obra de Charles Leadbeater y AnnieBesant titulada “Pláticas sobre el Sendero del Ocultismo” con comentarios sobre el libro en cuestión.