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LA MECÁNICA DE LOS FENÓMENOS PARANORMALES

Escribe GUSTAVO FERNÁNDEZ
 
 

Uno de los errores más comunes en que incurren quienes hacen de la Parapsicología su "métier" , es esa aparente despreocupación por conocer cuál es la mecánica (es decir, los pasos de transmisión) de los fenómenos paranormales. Por supuesto, muchos colegas han escrito abundantemente sobre la etiología , es decir, las causas que originan loos susodichos fenómenos, elaborando teorías que van desde supuestas patologías psicológicas hasta vislumbres de una futura evolución propia de superhombres.

Pero conocer esa mecánica es fundamental, más hoy, cuando el desarrollo de esta disciplina nos ha llevado a experimentar con mejor o peor suerte tantos métodos voluntarios de desarrollo de estas capacidades, aplicar su manejo como apoyo terapéutico para terceros y explorar los límites de la conciencia. En realidad, si como parecen indicar muchas tendencias, los fenómenos parapsicológicos forman un "corpus" de posibilidades que "deben" ser explotadas, eso sólo lo lograremos con absoluta seguridad en la medida en que sepamos cómo se producen estos fenómenos, además de su porqué. De lo contrario, la relación que mantendremos con los mismos seguirá siendo casi mágica: cuando un bioquímico desarrolla un nuevo medicamento, no experimenta a ciegas buscando "acertar" qué compuesto combate cuál virus. Conoce el proceso por el cual se llega al resultado esperado, todas las etapas que lo constituyen, al punto en que si cometiera una falla en su discurrir la simple observación de los resultados permitirán saber en qué punto se produjo la alteración no esperada. Lo mismo ocurre en un circuito eléctrico o electrónico, donde el técnico o el ingeniero no solamente saben cuál es la forma de elaborar un sistema de ese tipo, sino que además, al ocurrir una falla en algún punto, le basta con recorrer –a veces sólo mentalmente- el circuito para encontrar el problema.

Con los fenómenos PSI nos encontramos como frente a una de esas "cajas negras" que emplean los investigadores electrónicos y físicos: tenemos una "señal" que entra –el "gatillo" de lo paranormal, es decir, el detonante de los fenómenos- y un "efecto" que sale, o sea, la manifestación parapsicológica. Pero, hoy por hoy, nada sabemos a ciencia cierta sobre qué ocurre dentro de ese sistema cerrado y ciego que es la "caja negra" psíquica.

Queda ya claro que no sirven, a la hora de las explicaciones, afirmaciones como las que durante décadas se sutentaron en el sentido de que los fenómenos Psi se transmiten por ondas. Aunque es la que resulta más sencilla de aceptar, toda la experiencia cotidiana de la investigación parapsicológica apoya lo contrario. Para comenzar, las experiencias de transmisión telepática con uno o dos agentes dentro de una gran "jaula Faraday" (un enrejado metálico y electrificado que por el potente campo electromagnético que genera interfiere todo tipo de onda, como las de radio, por ejemplo) demuestran que es inadmisible el concepto de transmisión ondulatoria. Por otra parte, la energía psíquica ("enpsi") no adscribe a otros axiomas inviolables para las energías físicas (y las ondas son meramente una expresión de ellas) tales como describiremos a continuación.

Los parapsicólogos afirmamos que los fenómenos paranormales son producidos (a falta de mejor definición) por una energía no física. Como sabemos, toda energía física, para ser tal, debe cumplir varios axiomas, entre ellos los de que la suma de los efectos debe ser igual a la suma de las causas, y que el cuadrado de su coeficiente debe ser inversamente proporcional al cuadrado de la distancia y el tiempo en el que actúa.

Veamos un ejemplo para este caso. Enciendo un mechero de gas. Aproximo mi mano. Percibo una determinada sensación de calor. Comienzo a alejar mi mano. Cuanto más la alejo, menos calor siento. La energía (calor) es inversamente proporcional a la distancia. Supongamos ahora que en ese mechero caliento un cuchillo hasta que se pone al rojo. Apago el mechero y permanezco observando la hoja metálica. Cuanto más tiempo pasa, menos calor irradia la hoja. En este caso, la energía es inversamente proporcional al tiempo.

Con la energía psíquica o "enpsi" ello no ocurre. Las experiencias demuestran que el índice de resultados es independiente de los sujetos de una experiencia: así, en una práctica de telepatía, por ejemplo, los resultados son altos o bajos así medien dos metros o doscientos kilómetros entre ellos. Además, la existencia de los fenómenos de precognición (percepción del futuro) y postcognición (percepción del pasado) demuestra que la relación tiempo-Enpsi es inexistente.

Otro aspecto particular de la enpsi es que se trata de una energía o fuerza que no acusa el efecto "de campo". Observemos lo que ocurre al operar una fuente energética cualquiera. El propio mechero de gas a que hacíamos referencia anteriormente. El calor, en este caso, se distribuye en un campo a su alrededor, y si afecta a un punto "x" ubicado a, digamos, un metro de distancia, es porque previamente ha afectado a un punto "x1" a 10 centímetros, a un "x2" a treinta, etc. Sin embargo, el "factor Psi" es selectivo. Si me encuentro frente a un auditorio y trato de contactar mentalmente con un individuo ubicado en la fila ocho, mi "señal" mental llegará probablemente a él, pero difícilmente será captada o "interceptada" por alguien de las siete filas restantes. Es como si el "mensaje" llegara a destino sin atravesar los puntos intermedios.

Lo mismo ocurre con los fenómenos PK (de "psicokinesia" o telekinesia). Si tengo un buen número de objetos frente a mí, pero fijo mi atención en uno de los últimos, aún si se encuentra disimulado detrás de otros, la acción PK actuará exclusivamente sobre ese. Pero si la ENPSI es capaz de mover un objeto físico, es que la energía que lo impulsa también es física, pero, si es física, tendría que tener un "campo" que afectara a todo lo que esté en su camino, cosa que no ocurre... he aquí un inextricable galimatías que quizás tardaremos mucho en develar.

Excepto que aceptemos la posibilidad de "micro agujeros de gusano", a semejanza de los tan populares en la literatura de divulgación astronómica, donde un extremo está en mi psiquis, y el otro en el objeto a desplazar, pero el recorrido de la "señal" mental no ocurre en este universo, sino en uno paralelo.

Creo que uno de los mejores métodos para estudiar y practicar la telekinesis es el SORRAT. Estas son las iniciales de la Society of Rational Research About Telekinesis (Sociedad de Investigación Racional Sobre Telekinesis) una organización de parapsicólogos estadounidenses dedicados exclusivamente a estudiar los fenómenos PK y, por extensión, al instrumental más difundido desarrollado por ellos: un minilaboratorio, pensado para reproducir en situación controlada psicokinesias varias.

En 1985, durante unos cursos que dicté en la provincia de corrientes, decidimos, con los directivos del Centro Integrado del conocimiento de esa localidad, desarrollar un SORRAT. Es interesante que nos explayemos un poco sobre este minilaboratorio. Básicamente consiste en un gran prisma de vidrio, hueco, con una tapa con cerradura. Esto último es para asegurar las condiciones objetivas de la experimentación y evitar, como describiremos más adelante, que durante las pruebas algún gracioso meta subrepticiamente la mano dentro y modifique la posición de los objetos, alterando los resultados.

En su interior se disponen, a distintos niveles, objetos varios (en nuestro prototipo optamos por: un recipiente con "clips", un sostén metálico con una liviana esfera de plástico, un cigarrillo herméticamente sellado dentro de una ampolla de cristal, un molinillo de papel como el que describiremos más adelante y a cierta altura suspendido un "aurámetro", con un fondo cuadriculado en blanco y negro, y el piso de la cubeta cubierto con limaduras de hierro). En casos más sofisticados, puede situarse frente al aparato una videocámara y un sistema automático de iluminación bajo la tapa.

Se trabaja por igual con voluntarios presentes que se concentrarán en mover objetos, alternativamente con las luces prendidas y apagadas (aquí la conveniencia de la cerradura) en períodos de tiempo aproximados a la media hora. También puede dejarse el SORRAT solo, en un cuarto cerrado bajo llave, experiencia ésta que es particularmente interesante llevarla a cabo en una vivienda "embrujada" o, para decirlo más correctamente, cualquier lugar donde abunden los "poltergeist". Aquí conviene agregar la videocámara que, conectada a un sensible mecanismo de delgados alambres distribuidos dentro del minilaboratorio, empezará a rodar automáticamente en cuanto cualquier objeto se desplace y toque una conexión. En este caso, el tablero cuadriculado que ya hemos descripto servirá para deducir la velocidad de dicho desplazamiento.

Es importante destacar, finalmente, que este SORRAT fue el primero desarrollado en el país y, hasta donde tengo noticias y a la fecha de estar escribiendo estas líneas, el único existente.

Otro implemento interesante para estudiar la telekinesis, y sin duda mucho más sencillo de construir, es lo que comúnmente conocemos como "molinillo". Consiste en un cilindro de papel, con una "cruz" del mismo material cubriéndole por encima. Se atraviesa un alfiler o aguja por el cruce de las dos tiras de papel (cuidado de hacerlo con una gota de pegamento para evitar que el movimiento del alfiler haga "juego", agrandando la perforación y al alterarse la posición perpendicular del alfiler se desplace también el punto de equilibrio de éste), y apoyando la punta del mismo sobre la base de una copa dada vuelta, de forma tal que el cilindro quede cubriendo la pata de la misma y todo el conjunto de papel en equilibrio sobre la aguja. Cubriremos entonces el conjunto con un gran recipiente de vidrio o plástico invertido (es adecuada, por ejemplo, una fiambrera), y el experimento consistirá en, mediando sólo la fuerza de nuestra voluntad (que es como decir, nuestra energía mental) obligar al cilindro a girar en un sentido o en otro.

Por supuesto, este método presenta muchos inconvenientes colaterales. Aunque al cubrirlo con la "campana" lo ponemos a resguardo de las corrientes de aire que podrían provocar accidentalmente una oscilación, existen otras complicaciones. Por ejemplo, si la construcción del modelo es deficiente (lo que es muy común) tenderá a desequilibrarse, porque tenga pegamento en exceso de un lado u otro, o esté descentrada la cruz. Ello ocurrirá porque el sistema tenderá naturalmente a buscar un punto de equilibrio, lo que ocasionará el movimiento que podría interpretarse como "psicokinético". Una buena forma de evaluar si aquél es producto de nuestra mente o del azar, es concentrarnos en mover el molinillo volitivamente primero en un sentido y luego, a nuestra orden, en el otro.

Ahora bien. Una aclaración que es inmanente a la práctica de todo fenómeno paranormal, y que el practicante debe tener en cuenta al abocarse a los ensayos es que aunque el mismo tenga esta capacidad en alto grado de manifestación, las mismas (especialmente si se carece de entrenamiento previo) difícilmente aparecerán a los pocos minutos. Observemos, v.gr., el caso de Nina Kulagina, la sensitiva rusa, capaz de mover objetos de cierto peso y a distancias considerables a voluntad, en lo que algunos autores consideran la personificación más fantástica de capacidades telekinéticas. Pero Kulagina necesita esforzarse en su concentración durante media hora o más, al punto que pierde entre tres y cuatro kilogramos de peso como consecuencia del intento. Y el caso es que cuando cualquier buen vecino (seguramente sin las capacidades superlativas de Nina Kulagina) trata de mover mentalmente un objeto cualquiera, comete desde el vamos tres errores fundamentales: (a) suele elegir, precisamente, un objeto "cualquiera", seguramente demasiado pesado para las primeras intentonas (debería comenzarse con un puñado de fósforos, trocitos de papel o plumas); (b) la concentración casi nunca es absoluta y tan intensa como la de Kulagina, es más, generalmente se hace en plan de bromas, o alternada con comentarios y distracciones varias; (c) ¿algunos de estos practicantes puede afirmar con total honestidad que su intento fue más allá de cinco o diez minutos?. Ciertamente, media hora parece poco tiempo, pero traten ustedes de pensar intensamente en una sola cosa durante treinta minutos y comprobarán que, excepto que cuenten con una capacitación especial, los resultará enteramente imposible. De allí, supongo, la afirmación de ciertos investigadores de que estos fenómenos no son repetibles a voluntad. Creo que sus opiniones son de buena fe, pero, ciertamente, de tratar de experimentar por sí mismos –y no limitarse meramente a repetir lo que algunas "vacas sagradas" de su Ciencia suelen afirmar- dudo que insistieran no sólo más de media hora –mucho más, si fuera necesario- sino reiteradamente durante días, semanas o meses, antes de rechazar taxativamente la posibilidad de su producción artificiosa. Semejante investigación (que además debería ser repetida por un número convincente de personas distintas) es indiscutiblemente tediosa, pero, a fin de cuentas, tales son las exigencias del método científico.

Ahora bien, a la luz de estos experimentos (que ratifican la presunción de que esta "energía" (si lo es) no acusa el efecto "de campo"), se impone esbozar alguna teoría o hipótesis que, con alguna verosimilitud, plantee una explicación plausible, no solamente de la telekinesis, sino de todos los fenómenos Psi.

En efecto, y como hemos visto, los fenómenos parapsicológicos comúnmente conocidos como "subjetivos" (telepatía, clarividencia, percepción extrasensorial simple, precognición y retrocognición) tampoco abodecen a las leyes de conservación de la energía. Y tampoco tiene necesariamente una distribución que siga la curva de Gauss. Por razones que quizás tenga mucho que ver con la idiosincrasia regional, alumnos de las provincias de Corrientes y Misiones acusaron, en experimentos con las archiconocidas cartas Zenner, puntajes un 30 5 promedio superiores a los de Chaco y Formosa y, más aún (y esto es particularmente sugestivo) hasta un 60 % superiores a los de Buenos Aires. Supongo, para el último caso, que el estrés y la neurosis subyacente en la vida cosmopolita reducen la capacidad de expresión paranormal.

Ahora bien. Aún en los lugares donde el trabajo cotidiano en mis cursos de Parapsicología Aplicada sacaba a la luz verdaderos clarividentes ignotos, no existía (como cabría esperar si se tratara de "energía" mental o si, literalmente, ésta se desplazara en ondas) un promedio general alto para toda la clase. En realidad, y si un determinado grupo de alumnos lograba sobresalir llamativamente sobre otros que he tenido (y considérese que ya han pasado frente a mí muchos centenares) era porque sólo unos pocos de ese grupo tenía un puntaje tan extraordinariamente alto que forzaban hacia arriba la estadística general. Valga como mención, que en un grupo de veinte personas como mínimo, ocho alcanzaban en distintas fases de la experimentación un 40 % de aciertos (cuando el margen que impone el azar es del 20 %, es decir, en el testeo con cartas Zenner, sólo cinco de ellas sobre las veinticinco que componen el mazo). Pero la distribución física dentro del grupo de alumnos es absolutamente aleatoria. Lo cual significa que quienes tuvieron elevado índice de aciertos tanto estaban cerca de mí (que sentado frente al escritorio manipulaba el "mazo testigo") como al fondo del salón o diseminados a media distancia. Si el enlace alumnos-mazo testigo-retorno de la información a alumnos fuera en forma ondulatoria, el "dato" correcto tendría que barrer las mentes de todos los que se encontraban en el camino que media entre el mazo testigo que contiene la información que debe ser "aprehendida" y el último alumno de la última fila que acusó un promedio alto, superior al margen de la casualidad.

Ratificamos con esto el carácter selectivo de los fenómenos Psi. Y a la hora de buscar explicaciones, quizás la más adecuada sea aquella que nos habla de un Principio de Sincronicidad.

El mismo reenunciado en tiempos modernos por Jung y el matemático Wolfgang Pauli, fue anticipado hace milenios en una de esas Leyes Fundamentales del Cosmos enunciadas, por ejemplo, en el Kybalion, libro fundamental del Ocultismo. Aquella ley, llamada "de correspondencia" era (y es, como habrán advertido los lectores esoteristas de este trabajo) lo mismo que hoy la ciencia aprender a reencontrar. Pero para explicar ese paralelismo, remito al lector a mis artículos sobre "Fundamentos Científicos del Ocultismo", donde desarrollé el tema con mayor amplitud. De cualquier forma, ilustraremos igualmente esa ley si volcamos nuestra atención a aclarar qué entendemos por Principio de Sincronicidad.

Dicho sintéticamente, es la posibilidad de que dos hechos de la misma naturaleza (formal o simbólica) se produzcan en dos puntos distintos del espacio, sin que haya ninguna relación de causa-efecto entre uno y otro. Esta correspondencia acausal no implica, necesariamente, simultaneidad temporal. Si una misma idea o, mejor dicho, dos "paquetes informativos" compuestos por los mismos "bits" e idéntica estructura formal (quizás uno de ellos sólo reflejo del otro) "ocupan" dos puntos simultáneos del espacio y, mejor aún, si esos dos puntos corresponden al eje de coordenadas espaciotemporales enmarcadas por contenidos psíquicos (dos mentes humanas, por caso; a fin de cuentas, dos puntos de conciencia en algún lugar del tiempo y el espacio), he allí un caso de telepatía. Observemos que la telepatía no opera, como creen los neófitos, como una especie de comunicación inalámbrica con un sistema pregunta-respuesta, sino que en realidad opera como la aparición o representación mental simultánea de imágenes o ideas simbólicas. Dos pensamientos iguales (quizás mejor diríamos, ilustrando así el Principio de Sincronicidad, que se trataría de un mismo "pensamiento reflejado") sería un ejemplo válido de telepatía y sincronicidad.

Dije anteriormente que esta última no se limita a una correspondencia temporal, y esto lo observamos en el caso de las premoniciones (percepción de hechos futuros). Hay un hecho (que ocurrirá en el futuro: minutos, días o años) y una idea-símbolo del mismo, que es el que se manifiesta en nuestra mente, generando así la precognición. Algo similar ocurre con la clarividencia (percepción parapsicológica, como dijéramos, de una información sobre la cual no tenemos acceso sensorial directo) cuando, por ejemplo, "sabemos" instantáneamente qué cosas oculta una determinada persona en una caja. Están los hechos –los objetos de la caja- y las ideas-símbolo de los mismos que son los que se reflejan en nuestras mentes.

Todo esto me hace recordar intensamente aquél viejo precepto del Ocultismo que dice que cada hecho u objeto del Universo físico que conocemos tiene su imagen etérea inscripta en un plano de vibración sutil que llamamos Registros Akhásicos y que en realidad, si aquellos se manifiestan u ocurren en este Universo, es porque previamente existían esas ideas-forma sobre las cuales formaron impronta. Los mismos serán así las matrices sutiles a partir de las cuales se generarían esas materializaciones más groseras que son los referidos hechos y objetos. Dentro de este contexto se inscribe la teoría de los "campos de forma", sobre los que volveremos más adelante. Pero, sucintamente, diremos que tales campos son esquemas energéticos predeterminados dentro de los cuales los organismos biológicos evolucionan hasta alcanzar finalmente su definida forma. La observación del "efecto fantasma" en fotografías Kirlian (la sobrepermanencia del contorno energético de una hoja de árbol aún cuando la misma fue previamente recortada o mutilada) parece concurrir en abono de esa hipótesis.

La aplicación del Principio de Sincronicidad también conlleva la posibilidad de que tal efecto "saltee" el espacio físico, para producir los ya mencionados casos de telekinesis sin efecto "de campo". Si muevo mentalmente un objeto, es porque la idea-símbolo se genera en mi mente y el hecho concomitante, sobre el objeto mismo (o quizás sería más acertado decir en el objeto). Por supuesto, el simple hecho de tener una idea no implica la producción del hecho (no la corriente, en el sentido que estamos expresando, de una idea-símbolo) si no existen los detonadores adecuados, de la misma forma que la aparición de un pensamiento cualquiera no desencadena telepatías, ni cualquier aventurado listado de hipotéticos objetos encerrados en una caja fuerza la inmediata manifestación de clarividencia. Aquí sí, podemos empalmar con los escritos de otros investigadores que señalan a causales estrictamente inconscientes como gatillos detonantes de la fenomenología Psi.

Una explicación alternativa al Principio de Sincronicidad para este último caso (el de los fenómenos PK) pero no necesariamente excluyente, lo que habilita la posibilidad de una interacción entre ambas teorías, es aquella que nos dice que la Enpsi (recordemos: energía psíquica) descargada por nuestra mente actúa porque en realidad no recorre ese trayecto por nuestro espacio sino por uno paralelo. Así, la descarga se produciría en esta dimensión (aquí empleo la palabra no en el sentido de "medida", sino en el de continuidad espaciotemporal) y su manifestación visible también, pero el trayecto (y, por extensión, el efecto de campo) lo haría en otro nivel vibratorio. Siguiendo con esta línea de razonamiento, podemos concluir que permanentemente estamos generando fenómenos Psi pero tal vez su manifestación también ocurre en otras dimensiones por lo que, cuando menos en ésta, no los vemos aparecer.

Estudiemos ahora otra área de trabajo del parapsicólogo profesional: su potencial energético orgánico.

Las investigaciones realizadas empíricamente por el ser humano desde la más remota antigüedad, implicando desde los pininos prehistóricos, pasando por las medicinas tradicionales con especial énfasis en las orientales y culminando en la moderna parapsicología, sin obviar la física cuántica, han demostrado que, más allá del filosóficamente discutible concepto de que el hombre se encuentra formado por la interacción de siete planos de distinta densidad (astral, etéreo, etc.) podemos, prima facie, aceptar la existencia de, además de dos sumamente conocidos por cotidianos (el material y el mental) un tercer plano que conocemos como energético. Y valga una aclaración importante. No se trata de que descreamos de la existencia de otros planos –la permanente exhibición de elementos que por espirituales no cuentan con la "densidad" específica de lo mental, es un ejemplo- sino que tratamos de dotar a estos estudios de un matiz levemente científico. Recordemos las leyes de exigencia que tanto hemos señalado en otras partes, y entenderá el lector a qué nos referimos. En cuanto al plano concretamente energético, está fuera de toda duda su existencia, dado que está por demás comprobado por especialistas en distintas ramas del saber humano que existe un campo de tal naturaleza intrínseco a la propia existencia del hombre, de donde su componente electromagnética, por citar sólo un ejemplo, es una cabal demostración. Por otra parte, la realidad de disciplinas como la acupuntura y la digitopuntura demuestran la veracidad de tales propuestas, ya que estas técnicas terapéuticas de indiscutible valor se basan, precisamente, en la existencia de "canales" o "meridianos energéticos" como demostración de la efectividad de sus métodos.

Por otra parte, el auge de la fotografía Kirlian viene a correlato de lo afirmado, en tanto y en cuanto sabemos a ciencia cierta que lo que las llamadas efluviografías es la variación de coloración, intensidad y brillo del campo energético en función de las discontinuidades físicas o psíquicas.

Desde muchos años ha, popularmente se denomina "aura" a un curioso fenómeno caracterizado por la percepción, por individuos con claras capacidades afines a la clarividencia o bien en cualquiera que se ciña a un específico entrenamiento o adiestramiento particular (no exageradamente difícil, por otra parte) de un haslo brillante, de colores groseros o sutiles, orlando el cuerpo humano a distancias que oscilan entre los tres y quince centímetros, excepcionalmente visible hasta los cincuenta. Este fenómeno, que fuera sindicado como mera "ilusión óptica" producto de la fatiga visual nacida de una observación prolongada de un punto fijo –casualmente, una de las varias técnicas a las que hacíamos referencia líneas arriba- pasó a ser digno de credibilidad científica a partir de la puesta a punto de métodos que no dependen de la falibilidad del ojo humano para lograr su objetivo. Nos referimos, concretamente, a las distintas técnicas de visualización de aura que recurren al empleo de más o menos complejos sistemas ópticos, desprovistos de la subjetividad humana.

El primero de ellos y el más simple, pero también el que de cualquier forma requiere cierta predisposición ocular en el practicante, consiste simplemente en un vidrio de unos cincuenta por cincuenta centímetros, sostenido perpendicular a una mesa, con ambas caras empapadas en dicianina, sustancia que se empleaba antiguamente en la elaboración base de pinturas. El sujeto del experimento se sienta contra la pared, por delante de una superficie blanca (puede ser un amplio papel colocado contra aquella o, mejor aún, una pantalla de diapositivas o cine casero, por su mayor poder reflectante) y a unos cuarenta centímetros por detrás del vidrio mencionado. El operador o practicante se coloca, entonces, frente a este vidrio también a unos cuarenta centímetros, iluminándose la escena únicamente con luz azul. Tras algunos minutos de concentración será posible observar, alrededor del cráneo y sobre los hombros del sujeto, un halo iridiscente de distintos colores (siempre, por supuesto, teñidos éstos en virtud de la iluminación ambiental particular del caso) que variará, aún en el mismo individuo, en virtud de las modificaciones respiratorias, anímicas o físicas que el mismo puede ir experimentando a lo largo del ensayo. Eso que observamos y llamamos "aura", es la porción superficial del campo bioplasmático que sobresale del cuerpo físico.

Este cuerpo o campo bioplasmático, cuya evidencia en la actividad corporal llamamos "bioenergía", adopta la forma de un gigantesco "huevo" que excede en una cincuentena de centímetros la periferia corporal. Recordemos que este campo actúa como sustento energético del cuerpo material, en tanto y en cuanto éste viva. En efecto, no existe la vida sin campo energético, si bien sí puede existir sin cuerpo material.

Podemos observar, si aguzamos así nuestra incipiente visión clarividente, siete puntos particularmente interesantes, que a la manera de embudos succionadores o expeledores interpenetran al cuerpo bioplasmático y el cuerpo físico. Esos puntos son llamados "chakras" y son definibles como vórtices de energía psicoespiritual, que establecen el contacto entre los distintos planos de los que se encuentra conformado el hombre. En nuestros cursos de Parapsicología Aplicada hemos tratado en extensión las funciones de cada chakra por lo que remito al interesado a los apuntes de aquellos.

Llegados a este punto, insisto en la necesidad de que el lector compruebe por sí mismo la validez de mis afirmaciones: para ello, le recomiendo hacer especial hincapié en las técnicas de visualización del aura y, mejor aún, depurar su técnica elegida para lograr la percepción del campo bioplasmático. Si, eventualmente, los métodos descriptos no fueran efectivos ya que no ha desarrollado convenientemente su capacidad de visión clarividente, adjunto una reproducción de un sistema que, trabajando con sectores reducidos del cuerpo (por ejemplo, una mano) permitirá observar lo que físicamente se ha denominado "campos de convección". Ahora bien, esas corrientes de colores que rodean la mano, varían su coloración e intensidad así se alteren las circunstancias energéticas, espirituales, psíquicas o físicas del sujeto... precisamente, la condición necesaria que debe evidenciar el campo áurico para ser considerado como tal, de donde concluímos que, por mucho que le pese a los escépticos especialistas en óptica, no existe otra explicación válida para explicitar esas "corrientes" o "campos de convección".

Nótese que las distancias indicadas en el gráfico para las distintas partes del llamado Sistema Schieleren son aproximadas, ya que dependen de la intensidad de la fuente luminosa, tamaño del cuerpo en observación, aumento de las lupas, etc., para lo cual será necesario desplazar las partes constituitivas, por ejemplo, sobre una mesa, hasta obtener las distancias focales adecuadas.

El complejo esquema que hemos estudiado (¿deberíamos llamarlo fisiopsicoenergético?) es cuando menos una llave que facilita comprender las interacciones habientes entre los planos ya señalados, como mecánica de, cuando menos, algunos de los fenómenos que caen dentro del área de la Parapsicología. Más precisamente, aquellos que podríamos definir más como "parafisiológicos" que como "parapsicológicos" estrictamente hablando (más adelante abundaré sobre esta definición). Tal, el ejercicio práctico que conocemos, en el ambiente, como "Levantar a P".

Consiste en elegir un voluntario más bien voluminoso y de peso no menor a los 90 kilogramos. Además, otras cuatro personas de físico más bien menudo o, mejor aún, cuatro damas (de ser posible, que no haya entre ellas ninguna moderna adolescente practicante de fisicoculturismo). Este grupo de cuatro contará con un líder, que llevará la voz cantante.

Se trata de elevar en el aire al voluntario (que denominaremos con el mote de "P"), colocando los otros cuatro sus dedos índice juntos, extendidos, teniendo todos los demás dedos entrelazados, respectivamente en las axilas y los huecos poplíteos (detrás de las rodillas) del sujeto. A la orden del coordinador, tratarán de levantarlo, haciendo palanca solamente con los brazos. Como se advertirá, tal cosa será poco menos que imposible, ya que tan sólo lo moveremos algunos centímetros o no lo haremos en absoluto.

Pero entonces repetiremos la experiencia con unas ciertas modificaciones. El líder, con una voz de orden, hará al grupo caminar en círculo alrededor de P, las manos siempre entrelazadas, la vista baja, la respiración pausada y el paso lento. El sujeto, mientras tanto, permanecerá relajado, ojos cerrados, brazos y piernas descruzadas, también con un lento respirar. El grupo dará entonces cuatro o cinco vueltas, y luego, a otra indicación del líder, girarán simultáneamente hacia el mismo lado, y emprenderán idéntico camino a la inversa, siete u ocho veces. A otra indicación, y en el momento en que cada uno esté transitando junto al punto por el cual trató de levantar a P en el ejercicio anterior (axila o rodilla), se detendrán. Una nueva indicación los llevará a colocar sus dedos en las posiciones indicadas y otra orden final a elevar los brazos, llevando al sujeto a una considerable altura, en la que permanecerá hasta que decidamos descenderlo. Cuidemos, en todo momento, guardar silencio, no tomando en broma el ejercicio, y absolutamente concentrados en lo que hacemos. Ciertamente, esta segunda vez observaremos que levantar al sujeto no nos cuesta casi ningún esfuerzo, a diferencia de la vez primera. ¿Una observación interesante?. He advertido que cuando entre las personas voluntarias hay una neurótica o maníaco-depresiva, se frustra buena parte del experimento. ¿Y cómo advertir, máxime si trabajamos con desconocidos, si una persona con tales disfunciones psicológicas está entre los presentes?. Pues, simplemente, valiéndonos de técnicas fisiognómicas las que nos permiten conocer, por los rasgos faciales, el carácter y personalidad de un individuo.

¿Cuál es la explicación a este experimento?. En ambas intentonas, tanto el peso de "P" como la fuerza por nosotros efectuada y las partes del cuerpo utilizadas son las mismas, es decir, constantes. Sólo cambia (es una variable) nuestro estado mental. Al principio, estamos en una situación de cierta desconcentración, incluso de escepticismo ante lo que nos proponemos hacer. Pero la segunda, en cambio, todo nuestro psiquismo parece focalizarse en un sólo punto.

La conclusión de los investigadores es que tanto la concentración como el hecho e estar todos los miembros del grupo actuando corporalmente del mismo odo, hace que todos los cerebros intervinientes emitan el mismo tipo de frecuencias. En consecuencia, cuando las partes intervinientes en un sistema (los cuerpos de los miembros del equipo) actúan rítmicamente y sus cerebros vibran en idénticas frecuencias (aún cuando esas partes del sistema sean independientes entre sí), se multiplica la potencia física de esas partes, incrementándose, como en este caso, las resistencias físicas.

La explicación dada líneas arriba indica que existe cierta correspondencia cuya extensión va más allá de la periferia corporal del individuo, estableciendo "enlaces", quizás no tanto con otras personas físicas como con sus campos bioenergéticos.

De esta posibilidad se valen quienes quieren tratar de explicar ciertos fenómenos telekinéticos (movimiento de objetos con la mente), no como el resultado de una acción exenta del efecto de campo y operante por el Principio de Sincronicidad, sino como un efecto de traslación espacial resultante de un "brazo de fuerza" quizás de naturaleza ectocoloplasmática.

Hay mucho que aprender de los fenómenos de telekinesis, no solamente por sus incalculables consecuencias (hay que tener muy poca imaginación para no estimar todo lo que podríamos hacer si domináramos voluntariamente esta capacidad) sino por lo cotidiano de sus manifestaciones. En efecto, la gente generalmente entiende por "telekinesis" algún sorprendente movimiento o "vuelo" de objetos frente a nuestros azorados ojos. Sin embargo, ¿a ustedes nunca les ha ocurrido que un elemento cualquiera que instantes antes habían dejado al alcance de la mano, sorpresivamente "desaparece", a veces por minutos, a veces por días, por más infructuosamente que los busquemos, para terminar reapareciendo en el mismo lugar en que lo habían dejado o en cualquier otro más insólito?. Por supuesto, algunos –pocos- de esos casos pueden ser explicados como de "percepción disminuída", que significa una breve inhibición de nuestros sentidos a percibir lo que parece ser más evidente (eso explica el viejo truco de "ocultar" las cosas haciéndolas muy visibles, como en aquél cuento de Edgar A. Poe "La carta robada", pero ese fenómeno no existe cuando nos concentramos en lo que estamos buscando, que es precisamente lo que hacemos cuando la desaparición del objeto comienza a ponernos neuróticos. Por otra parte, la "percepción disminuída" nos habla de una patología muy particular que debe ir acompañada de otras problemáticas en el individuo para que podamos señalarlo como acusando tal cosa. En consecuencia, para todos los demás casos –que son mayoría- podemos hablar lisa y llanamente de telekinesis inconsciente.

Ahora bien. Cuando un objeto se esfuma prácticamente de nuestra vista, y aparece poco después en el mismo lugar, cabe preguntarnos: ¿dónde diablos estuvo mientras tanto?. Eso es lo que en lo particular me gustaría saber, aunque cabe esperar que en los lugares más insólitos. Quizás así se expliquen los fenómenos OOPARTS. OOPARTS es un neologismo nacido de las palabras inglesas "out of place artifacts" ("objetos fuera de lugar") . consiste en la aparición de objetos en los lugares más imposibles de esperar, científicamente hablando, por la incongruente relación entre unos y otros; tornillos metálicos en estratos rocosos de millones de años de antigüedad, huellas de calzado moderno junto a huellas de dinosaurios, pequeños batracios o insectos que salen... ¡vivos! Al romperse ciertas geodas (esferas huecas de piedra) de no menos de cinco millones de años de antigüedad.

El conocido y malogrado biólogo Ivan Sanderson nos habla de tres posibles hipótesis para explicar los OOPARTS: 1) antes del hombre, una civilización avanzada desde el punto de vista tecnológico controló la Tierra; 2) los OOPARTS son objetos desmaterializados, teleportados y vueltos a materializar; 3) dichos objetos son restos de antiguos visitantes extraterrestres (aunque las hipótesis 1 y 3 no explican el tercer ejemplo que di).

Así, la telekinesis (segunda hipótesis) podría explicar este fenómeno como la proyección dentro del estrato o la geoda, de lo que es sincrético con lo que anida en el fondo del inconsciente de alguna persona próxima al lugar del descubrimiento. Dudo que la telekinesis explique todas las situaciones de OOPARTS pero cuando menos muchos de ellos (como la aparición d pequeños animales dentro de prisiones de roca donde la muerte, por falta de alimentos u oxígeno era cuestión de días, no ya de años) sí encontrarían de esta forma cierta lógica.

Por cierto, cabe aquí mencionar que pueden pasar años en la vida sin que uno sea protagonista de un fenómeno PK, y de pronto éstos comienzan a precipitarse. Eso me ha pasado a mí, precisamente, un día antes de escribir estas líneas. Tuve tres PK en menos de veinticuatro horas. Ahora que lo pienso, me pregunto si es acaso casual que estos fenómenos se acumularan en vísperas de escribir yo este texto precisamente sobre ese preciso tema. Téngase en cuenta que al redactar obedezco a un plan previo por el cual era indefectible que ahora me tocara escribir sobre esto, y no se tratara de una elección voluntaria del tema a consecuencia de la impresión suscitada por los sucesos vividos. Pero por lo menos me queda el consuelo de saber que a otros les ha ocurrido lo mismo; sé, por ejemplo, que las cosas no se estaban muy quietas en casa de mi colega norteamericano Scott rogo cuando escribía cierto capítulo de su libro "El Universo encantado", donde hablaba precisamente de telekinesis.

Los hechos se presentaron de esta manera. La mañana de un día viernes me levanto y gano la calle, dispuesto a mis actividades. Un día normal, un ánimo normal. Minutos después de abandonar mi hogar, empero, compruebo el primer fenómeno extraño: un anillo de plata que llevo férreamente entroncado en mi dedo anular izquierdo, y que jamás me saco, conocido en el ambiente parapsicológico como "anillo atlante" (en virtud d su presunto origen y capacidades radiónicas) no estaba en mi dedo. Dejé lugar a todas las suposiciones más o menos lógicas (desde esperar que hubiera caído del dedo durante el sueño, hasta haberse deslizado del mismo por efecto del jabón durante el baño) para darme de narices, al regresar ya de noche, con la verdad; tras prolongada búsqueda, el anillo apareció junto al lavabo de la cocina, dentro de la cual yo no había puesto un pie en todo el día anterior. Pero, por cierto, otras cosas ocurridas ese mismo día ya me tenían sobre ascuas.

Por lo pronto, esa misma tarde, me dirigía yo hacia un templo "umbandista" a efectos de hacer una investigación (y que en definitiva encontré cerrado) cuando, transitando por las calles de tierra que llevaban al mismo, me sobresaltaron en tres oportunidades misteriosos crujidos y siseos a mis pies, los primeros parecidos a ramas secas al quebrarse y los segundos a serpientes, al punto, en una oportunidad, de saltar violentamente a un lado en la creencia de estar casi por pisar una. Pero nada había en realidad: sólo la tierra reseca me rodeaba.

Pero lo más interesante ocurrió por la noche. Había quedado en encontrarme para compartir un café con un amigo mío, conocido empresario de la provincia de Formosa, en una concurrida confitería céntrica. Llegué antes de la hora convenida, por lo que elegí una mesa y me senté a esperar. Pasaron los minutos, y me acometió el deseo de fumar una buena pipa. Pero, habida cuenta de que en cualquier momento mi amigo llegaría, de que el humo de la misma le molestaría dado que él mismo abandonó el cigarrillo, y que cargar bien una pipa es una tarea ardua para desecharla a los pocos minutos, decidí dejarla donde estaba. Es decir, dentro de su funda, junto a la bolsa de tabaco y ambas en el interior de mi cartera. La misma estaba apoyada sobre una silla a mi izquierda, y cuando mi amigo llegó la levanté para cederle el lugar, colocándola a mi derecha. Y allí quedó todo el tiempo que duró nuestra conversación para que, al recogerla, me encontrara con la sorpresa: la cartera no se había movido de su lugar, el cierre aparecía perfectamente trabado, y, sin embargo, en un extremo de la mesa, sobre mi agenda personal que yo llevaba fuera de la cartera en todo momento y que allí había depositado, aparecía la funda de la pipa con la misma en su interior y, a su lado, la bolsa de tabaco. Estoy absolutamente seguro que cuando deseé fumar mi pipa, para luego abandonar la idea, todo no pasó de un deseo ferviente, ya que en ningún momento llevé mi mano a la cartera, y mucho menos cuando, en el calor de la charla, me olvidé completamente de ella y de lo que contenía. Sin embargo, y de alguna extraña forma, la pipa y el tabaco "salieron" de su encierro para ubicarse allí, al alcance de mi mano, indudablemente a instancias del fuerte requerimiento inconsciente que hice del mismo.

Uno de los errores más comunes de los modernos parapsicólogos es que, lanzados a la búsqueda de una explicación coherente para la fenomenología PSI, se han aproximado más a la Psicología que a otras disciplinas científicas tal vez más adecuadas para hallar las respuestas. Esto quizás pueda parecer un despropósito, pero convengamos que, a la luz de todo lo visto, esa predilección es sólo una consecuencia inconsciente nacida de la propia etimología de la palabra que nos ocupa. Pero, al bucear en la misma Psicología, encontramos allí los argumentos que nos devuelven a las que deben ser sus verdaderas fuentes. Jung, trabajando en colaboración con el físico Wolfgang Pauli, descubrió que las conceptualizaciones de su psicología se aproximaban hasta confundirse con las nuevas ideas de la física. Lo que Jung llamó Arquetipos podría corresponderse con lo que denominara Pauli como "intuiciones matemáticas primarias". También de orientación junguiana es el concepto de "complementaridad" que en la Microfísica estableció Niels Böhr, aunque este afán por delimitar el verdadero terreno de estudio académico en que debe enmarcarse la Parapsicología sea sólo otro intento, bienintencionado pero igualmente erróneo. A fin de cuentas el mismo Jung nos dice que la Psicología "no es ni biología no fisiología, ni ninguna otra ciencia que no sea, precisamente, este conocimiento de la Psique. El concepto de la Psique afirma la idea primaria de que una persona es un Todo desde un comienzo, y no la reunión de las partes agregadas por la experiencia y el aprendizaje; el hombre no lucha por su integridad: él ya la tiene, nace con ella. Lo que debe hacer en el lapso de su vida es desarrollar esa integridad inherente, esta potencialidad, hasta el máximo grado posible de diferenciación, coherencia y armonía, y precaverse de la ruptura en sistemas parciales autónomos, separados, conflictivos". A este proceso llamámosle "Proceso de Individuación" (la complementación de los opuestos) y cuando está suficientemente avanzado nos permite alcanzar esa ansiada Paz Interior.Para ello, debemos primero aprender a controlar ese caudal energético, hasta Jung sólo conocido por el Ocultismo, que yace en el Inconsciente Colectivo y es capaz de convertir a la persona en genio o en psicótico, en sano (si es que existe la sanidad, como cuestiona el doctor Norberto Litvinoff) o en enfermo.

La búsqueda de ese equilibrio es la que nos lleva a percibir, proyectándose en el exterior, esa relación acausal entre un fenómeno psíquico (interno) y otro físico (externo) que forma la base del concepto del Principio de Sincronicidad, conformando así dos aspectos de una misma realidad, que conoceremos como realidad psicoide. Cuando más perceptivos somos de esa "otra" realidad, la psicoide, más entramos en sintonía con el Universo que, en los hechos cotidianos, nos irá mostrando hasta qué punto llega esa correspondencia. El mejor ejemplo de lo dicho le ocurrió al propio Jung, enunciador de este principio, al finalizar su vida.

Nos cuenta el doctor Litvinoff que el 6 de junio de 1961, durante una recia tormenta, un rayo alcanzó el esbelto álamo que Jung plantara muchos años antes en su jardín y bajo el cual se sentara a leer y meditar todas las tardes. El árbol fue tocado en el centro de su corazón y, sincrónicamente, Jung moría. En el frontispicio de su casa en Krüsnacht, sobre la piedra, todavía se puede leer esta inscripción: "Vocatus atque non vocatus, Deus aderit" ("Llamado o no llamado, Dios está presente").

Otro de los fenómenos parapsicológicos donde mejores resultados hemos obtenido con la práctica cotidiana es la "dermoóptica", o "visión con la piel". Consiste en esa extraña capacidad de percibir colores o escrituras por medio del contacto con los puntos más insólitos de la anatomía del "agente": sus dedos, sus codos, nuca o nalgas. Podemos experimentar con fichas plásticas de colores, en la oscuridad, y al tiempo de hacerlo comprobaremos que comienza a resultar factible identificar cada color por la "sensación" que brinda al tacto. El investigador ruso Novomieiskiy nos explica, de acuerdo a los trabajos realizados con sus voluntarios, que los colores se dividen en tersos, pegajosos y ásperos. El celeste es liso, el amarillo resbaloso pero menos terso que el anterior; el rojo, el verde y el azul de Prusia son pegajosos, aunque el verde lo es más que el rojo, sin ser por ello más basto. El azul marino parece ser el más viscoso. El naranja es áspero, muy áspero, y da una sensación musgosa. En cuanto al violeta, esa sensación se acentúa hasta efectivamente frenar la mano y tornarse más ruda. Los científicos observaron, por cierto, que los dedos de los sujetos realmente se movían con mayor dificultad sobre el violeta (musgoso) y el rojo (viscoso) que sobre el amarillo (resbaladizo). Tomando ese espectro cromático, Novomieiskiy señala que, si se empieza a cada lado del tono central –verde- las sensaciones viscosas aumentan hacia ambos extremos.

El negro, según los rusos, sería el más pegajoso, viscoso y musgoso de todos. El blanco, en cambio, sería terso, aunque más basto que el amarillo. Por supuesto, no existen tales características físicas en los colores, pero estas sensaciones dérmicas son traducción a lo consciente de una percepción de naturaleza distinta. Novomieiskiy se cansó de cubrir las fichas o papeles de colores con láminas de aluminio, bronce y cobre; los estudiantes continuaban manifestando "sensaciones" lisas, ásperas o viscosas.

Si se desea enseñarles a ver con las manos, recomiensdan los rusos, es preciso empezar aprendiendo a sentir la diferencia entre dos grupos de colores distintos. Una vez que la dermoóptica se despierta, sería conveniente amontonar fichas blancas y negras y naipes, según palos rojos o negros, si es que usamos los de póker. Tres de los voluntarios de Novomieiskiy aprendieron a descifrar dibujos, leer números y letras aún bajo un cristal opaco.

Es así que observamos los efectos, pero seguimos desconociendo las causas. Concretamente, sobre la cuestión de si los fenómenos psicokinéticos se encuentran fuera de las leyes gravitacionales de la Física o demuestran la posibilidad de ampliar esas leyes y generalizarlas, son pocas las veces que se han intentado estudios serios y científicos; aquí no pretendo hacerlo rigurosamente, pero al menos planteo los esquemas científicos que permiten visualizar a qué nivel problemático se encuentra la fenomenología PK respecto a la Física. En un todo, sigo en realidad los trabajos iniciados por el investigador colombiano Alfred Campbell.

En este momento científico conviven tres teorías, todas ellas aptas para la experimentación y explicación de los fenómenos gravitacionales del Universo. La más antigua de ellas fue ideada por Isaac Newton, basada en la acción a distancia, que obvia la transmisión de una fuerza en el espacio mediante "campos gravitacionales" que produce toda cantidad de materia a su alrededor, teoría ésta que se rige cuantitativamente por la ecuación de la Fuerza Gravitacional (Fg = G x mxm’) donde Fg representa la magnitud de la

D2 fuerza entre las cantidades de materia m y m’, siendo esta fuerza siempre de atracción mutua, tal que el cuerpo de menor cantidad de materia caerá sobre el otro: "d" representa la distancia original entre dichos cuerpos, y G es la constante de Cavendish. Obsérvese que esta teoría gravitacional implica la existencia de un campo gravitatorio que transmite la fuerza de atracción de los cuerpos en virtud de sus cantidades de materia –Newton no discute esta ley según el concepto de Masa que se acepta en la Física actual- y de una fuerza que realizan ambos cuerpos de manera que si la Tierra atrae un cuerpo hacia ella, lo hace por una fuerza que se transmite hasta el cuerpo por un campo gravitacional, luego si dicho cuerpo deja de obedecer la atracción en cualquier momento –caso de levitación de objetos o de personas- es porque se ha producido un campo que transmite una fuerza contraria a la gravitacional y de mayor magnitud que ésta. No puede decirse que ha dejado de actuar la fuerza de atracción gravitacional, pues todos los objetos y personas levitaríamos de la Tierra en el momento, además la característica "cantidad de materia" de la Tierra y los objetos no se modifica, por lo tanto la atracción no deja de cumplirse. No cesa el campo gravitacional terrestre ni el de los objetos.

Si se produce una fuerza de mayor magnitud y sentido contrario a la fuerza gravitacional, entonces deben darse los siguientes fenómenos: una fuente de campos gravitacionales que transmita dicha fuerza contraria, una interacción de campos en lugares determinados y restringidos, y una fuerza resultante hacia arriba mensurable, que será cero cuando el cuerpo se estabiliza en el aire teniendo en cuenta la presión atmosférica, empuje del aire, vientos, etc. De acuerdo con la teoría Newtoniana tendríamos que explicar los fenómenos susodichos y concomitantes a la acción PK, de alguna forma. Intentémoslo.

La fuente del "campo gravitacional contrario" –así lo llamaremos por ser el transmisor de la fuerza gravitacional contraria- sería la persona "dotada" que produce el fenómeno paranormal pero... ¿qué cantidad de materia utiliza para el efecto?. ¿Su propio cuerpo, su cerebro, o la zona cerebral donde se ubica la facultad?. Cualquier cantidad de materia de éstas que utilice el dotado, no es suficiente para contrarrestar el efecto gravitacional terrestre –de acuerdo a la teoría newtoniana- además, ¿cómo lograría actuar sobre un objeto si él mismo está bajo la acción gravitatoria de la Tierra?.

En cuanto a la interacción de campos gravitatorios en lugares restringidos, es factible, siempre y cuando se de el cruce de líneas de fuerza en este sitio originando una fuerza resultante, en nuestro caso "fuerza levitatoria", pero en la fenomenología Poltergeist se observa que los objetos levitan y se desplazan sin alterar otros que encuentran al paso, por lo tanto dicha acción de campos es demasiado definida, actuando sobre un o unos objetos, dejando quietos otros que están –deberían estar- en el mismo espacio de influencia del "campo gravitacional contrario" y por ende también levitarían. Esto nos llevaría a una contradicción y a una paradoja: se ha suspendido la acción gravitatoria de la Tierra –esto es contrario a la teoría newtoniana- y levitan los objetos, pero no todos, luego no se ha suspendido en total. Habría que pensar, entonces, que la mente –telergia- del sujeto crea un "campo gravitacional contrario" a su "gusto y placer", es decir la idea –conciente o inconsciente- crea una acción determinada y estricta. Hasta aquí todo bien, el problema al nivel de esta teoría gravitacional es, ¿en qué cantidad de materia se basa el sujeto, para lograr crear una fuerza contraria a la fuerza gravitacional terrestre?.

Por supuesto, existe una posibilidad –teórica al menos- de explicar este sinsentido: comprender a la gravedad no como una función de la materia, sino de la curvatura espaciotemporal que esta produce. En consecuencia, no se trataría de resolver el "enigma de la materia perdida" sino sólo aceptar que el psiquismo del sujeto produce una torsión dl campo gravitatorio sólo análoga a la que produce la materia.

El tercer fenómeno es simple y lógico, la "fuerza levitatoria" debe ser hacia arriba, claro, pero sin los fundamentos anteriores no existe tal fuerza. Como se ha observado no sólo no hay explicación, sino que se plantean problemas a la Física, ya que la existencia de un campo gravitacional es hipotética, puesto que ello sólo se afirma como explicación de un resultado o efecto, que es la fuerza a distancia ejercida entre dos cuerpos, y no como un ente físico medible y real –caso diferente al de los campos eléctrico y magnético- originándose los siguientes cuestionamientos: ¿es la teoría newtoniana incompleta, haciéndole falta la concreción del campo gravitatorio?. O, ¿es definitivamente deficiente la teoría newtoniana de la gravitación, como e previó en el cáculo orbital del planeta Mercurio?.

Otra teoría gravitacional que convive con la newtoniana en la Física, es la de Einstein, o mejor la de la "Teoría General de la Relatividad". Para Einstein el espaciotiempo es curvo, irregular y maleable por masas que caigan o estén sobre él, su forma estaría determinada geométricamente por coordenadas del tipo Riemman y ecuaciones fasoriales del tipo Mikowski. Cuando una masa está sobre el espaciotiempo crea una hondonada espaciotemporal, es decir, el espaciotiempo se ha deformado en todas las direcciones de tal manera que cualquier otra masa que esté potencialmente "por encima" de este "hueco espaciotemporal" caerá en éste y por lo tanto sobre la masa que lo había formado; como se puede observar, no hay fuerzas a distancia, no hay campos: hay una geometrización del espaciotiempo, la caída de la masa menor se efectúa por simple inercia desarrollando su energía potencial, cinéticamente, cayendo sobre la masa mayor. Si pensamos en la Tierra, una gran masa, y los cuerpos que sobre ella estamos como pequeñas masas, nosotros estaríamos sobre la Tierra porque hemos caído en el "hueco espaciotemporal" que ella ha formado, y lo mismo sucede con los meteoritos que caen sobre ella. La forma de salir de este hueco sería saltando –como hacen los cohetes- u oponiendo una masa mayor que la Tierra, que cree un hueco mayor y caigamos en él; cuando hablamos de masa mayor no nos referimos a una cantidad de materia ocupando un volumen mayor que la Tierra, pues puede ser una cantidad de materia como la de un cohete con su volumen y que debido a la velocidad que desarrolla aumenta su masa haciéndola mayor que la de la Tierra y por lo tanto creando un "hueco espaciotemporal" en la cual va cayendo. Recordemos que en Física "masa" nada tiene que ver con volumen o peso, sino que es la resistencia a la inercia.

Si analizamos los fenómenos PK de acuerdo con esta teoría gravitacional tendríamos que la forma como se efectuarían ellos sería mediante un aumento de masa del objeto o persona que levita; pero para aumentar de masa cualquier cuerpo debe realizar alguno de estos dos procesos: anexar cantidad de materia o adquirir velocidad, pero según las observaciones hechas por la Parapsicología los objetos no parecen aumentar de volumen, lo que dentro del marco del campo gravitatorio se traduciría en aumento de la cantidad de materia y en caso de que fuera así, ¿de qué manera el sujeto añadiría esa cantidad suplementaria?. Tal vez ectoplasmáticamente, lo cual es otra discusión. Pero aunque se anexara cantidad de materia nada sucedería, pues el cuerpo seguiría cayendo hacia la Tierra o la Tierra caería en el "hueco" creado por el cuerpo, y esto tampoco se observa; es decir, mientras el cuerpo se mantenga en contacto con la Tierra no se notará indicio levitatorio porque ambos caerían. Ahora, ¿cómo adquiriría velocidad el cuerpo?. Necesariamente acelerándolo, para lo cual se necesita una fuerza. ¿Cómo realiza el sujeto esta fuerza sin contacto corporal?. Ya estaríamos pensando en una capacidad de choque de la telergia; lo cual nos llevaría a preguntar, ¿qué es la telergia físicamente?... por lo tanto no hay solución a este nivel físico para la fenomenología PK.

Si algún lector pensara en una utilidad de la "Teoría del Campo Unificado" de la misma "Teoría General de la Relatividad", debe pensar que esta teoría ni matemática ni físicamente se ha demostrado –lo que por supuesto no quita que exista- y que la sospecha de que los campos gravitatorio y electromagnético se expliquen geométricamente de la misma manera, nace de la curvatura de la luz –campo electromagnético- ante una cantidad de materia –campo gravitatorio- y que si aceptamos la "masa de la luz" no habría tal interacción electromagnético-gravitacional, aunque sí tendríamos un gran problema entre la "masa de la luz" y la "masa del fotón"; ahora, si aceptamos la teoría del campo unificado, deberíamos pensar que la telergia del sujeto actúa de manera electromagnética sobre el cuerpo que levita.

Hasta el momento hemos analizado dos teorías gravitatorias, en ambas la Física se ha quedado escasa en la explicación de la fenomenología PK, no obstante ello no indica una causa extrafísica de los fenómenos psicokinéticos, pues aunque la tercera teoría gravitacional que analizaremos no despeje la duda, estaremos a las puertas de buscar una ampliación a las teorías gravitatorias, ampliaciones que permitan explicar esta fenomenología ayudándonos a comprender mejor el Universo, que se vislumbra más complejo de lo que muchos cientistas ortodoxos creen. No significa esto que las teorías anteriores caigan en descrédito y se excluyan por falsas: lo que se hará será algo análogo a lo que Einstein dijo acerca de la teoría newtoniana: "... he visto al Universo desde afuera del pañuelo que él mismo es; Newton estaba sobre el pañuelo, y por ello no notaba sus arrugas...". Einstein modificó la teoría gravitacional de Newton sin contradecirla, dando a la Física mayor campo de acción y explicación, moviendo los límites impuestos por aquél un poco más lejos del hombre. Recordemos además, que estando en los umbrales del siglo XXI ha llegado el momento de mover nuevamente los límites y ampliar más la Física.

La Física Clásica y la Física Teórica –Teoría de la Relatividad- han presentado sus especulaciones al complejo fenoménico que preocupa a la Parapsicología, pero aún queda la Física de las Partículas para hacer presente su teoría. Sabemos que en el mundo de las partículas se ha conceptualizado el llamado "gravitón" o "gravetón", partícula –hasta ahora teórica- que sería responsable de las interacciones gravitacionales entre los cuerpos, es decir, una cumulación de gravetones produce el efecto atractivo sobre otra acumulación de los mismos; teoría que posee dos planteamientos: primero, la acción atractiva se efectúa por una fuerza que se transporta mediante un campo gravitónico el cual parte de las mismas partículas; este planteamiento nos ubica, nuevamente, en la teoría gravitacional de Newton, con la diferencia de que en este caso se tiene en cuenta la masa y no la cantidad de materia del cuerpo, es decir que para Newton el concepto "masa" es igual a cantidad de materia, pero para la Física Teórica el concepto se compendia en dos entes físicos: cantidad de materia y velocidad. No obstante con respecto a la fenomenología PK este planteamiento no nos permite mayor explicación que la que hemos intentado buscar antes; quedando sin contestar las mismas preguntas que con la teoría newtoniana.

Segundo, la acción atractiva entre los cuerpos que contienen gravitones se debe a una deformación espaciotemporal, lo cual es la misma teoría gravitacional de la Relatividad, por lo tanto nada nuevo nos trae que no haya sido discutido. Algunos lectores pueden pensar que esta teoría del gravitón nada nuevo suministra a la Física; les invito a pensar más detenidamente y se darán cuenta que es una ampliación y concreción de la teoría newtoniana. Habíamos dicho antes que el campo gravitacional no era concreto como lo eran los caqmpos eléctrico y magnético, es decir, éstos parten de una partícula –el electrón- cuando está estático o en movimiento, lo cual hace del campo electromagnético algo real y medible. Pues bien; con la presencia del gravitón existe una partícula que le da existencia real al campo gravitatorio o sea, deja de ser netamente abstracto.

Con todo esto hemos visto que las teorías explicativas del Universo adolecen de restricciones y que pueden ampliarse; ya los físicos han concretado con el gravitón el Campo Gravitacional de la Teoría Newtoniana. A pesar de lo acelerada que parece andar la Física en sus estudios, la Parapsicología la impele a que avance más rápidamente, pues en este caso de la fenomenología PK quedan grandes incógnitas, que se resumirían en una pregunta: ¿Cómo en los fenómenos PK se evade, se viola o se contrarresta la acción gravitatoria entre los cuerpos?.

Estamos seguros que la Física contestará, ya que recordemos que en lo que nuestro Universo sucede, en este Universo tiene la causa.

En 1931 el físico de origen austríaco Wolfgang Pauli valiéndose de especulaciones totalmente teóricas formuló la hipótesis de la existencia de una nueva partícula elemental (se definen así aquellas entidades que constituyen la materia y que no sean ulteriormente divisibles).

Diecisiete años antes el físico inglés James Chadwick estudiando el "decaimiento beta" se dio cuenta que el principio fundamental de la conservación de la energía parecía ser violado en estas reacciones específicas. Es decir, una pequeña cantidad de energía parecía esfumarse en la nada. Pauli consideró absurda tal posibilidad y formuló la siguiente teoría: la energía que faltaba debería estar relacionada con una partícula desconocida. Enrico Fermi la bautizó posteriormente con el nombre de "neutrino", que significa "pequeña partícula neutra".

La hipótesis era exacta, pero hubieron de transcurrir veinticuatro años antes de tener una prueba directa de la existencia del neutrino. Efectivamente, en 1955 los científicos americanos Reines y Cowan demostraron inequívocamente la presencia de estas partículas emitidas por el reactor nuclear de Savannah River.

La enorme dificultad de "captura" del neutrino se debe al hecho de que está desprovisto tanto de masa (por esto se desplaza a velocidad semejante a la de la luz en el vacío) como de carga eléctrica; de ahí que no tenga casi en absoluto interacción con la materia. A este respecto será suficiente recordar que cada segundo somos atravesados por 10 X 12 (1.000.000.000.000) de neutrinos, pero no nos apercibimos de ello en lo más mínimo. Por otra parte, se ha calculado que para que un neutrino pueda interaccionar con otras partículas debería moverse a través de una pared sólida que tuviera el fantástico espesor de 200 millones de veces la distancia Tierra-Sol. Esta fantástica partícula bien podría explicar uno de los fenómenos parapsicológicos más populares: la telepatía.

No voy a cansar a los lectores describiendo los diversos y consabidos experimentos que todo el mundo ha realizado alguna vez con objeto de demostrar su realidad. Pero llamaré la atención sobre dos características y propiedades fundamentales de este extraño fenómeno: la elevadísima velocidad de la señal y la imposibilidad de ser apantallada.

En lo que respecta a la velocidad de la señal telepática sólo se puede afirmar que hasta ahora ningún estudioso ha conseguido medirla. Se cree, sin embargo, que es casi instantánea. La segunda característica, en cambio, parece confirmada por no pocas pruebas experimentales. Son bien conocidos los experimentos llevados a cabo con éxito por Vasiliev en los cuales el sujeto estaba encerrado en una "jaula de Faraday" que tiene la propiedad de no dejar pasar las ondas electromagnéticas. En 1965, unos investigadores rusos realizaron un extraordinario experimento de "telepatía animal" con objeto de demostrar la posibilidad de transmitir señales telepáticas, incluso desde dentro de un submarino en inmersión. Más recientemente, en 1977, en los Estados Unidos se han llevado a cabo, con buenos resultados, pruebas de telepatía en las cuales dos dotados que se hallaban en un submarino a algunos centenares de metros de profundidad debían mandar un mensaje. Todos estos experimentos demuestran claramente que hasta ahora ha sido imposible obstaculizar la comunicación telepática.

Es por estos motivos que algunos parapsicólogos están convencidos que en el fondo de este fenómeno hay unas partículas con características casi idénticas a las de los neutrinos, o los propios neutrinos. El astrónomo V.A. Firsoff, por ejemplo, en un libro suyo publicado en Inglaterra en 1967 lanzó la hipótesis de la existencia de unas partículas elementales especiales (que él llama "mentones") con características parecidas a las de los neutrinos y capaces de explicar algunos fenómenos paranormales. También el doctor A.M.Hammond cree que las señales de tipo Psi están constituídas por neutrinos. Un punto de vista casi idéntico es el que sostiene B. Hoffman y Alfred Campbell, y aún podría la teoría del físico M. Rudefer según el cual nuestro cerebro, al interaccionar exactamente con estas partículas "fantasmas", desarrollaría los más extraordinarios fenómenos metapsíquicos.

¿Y de dónde provendrían los neutrinos que, desde nuestro organismo, dispararían estos fenómenos?. Pues, serían los emitidos por el isótopo radiactivo del potasio presente en nuestro cerebro que, según los cálculos de G.N. Tysin, se generarían a razón de unos 440 cada segundo.

Por supuesto, todo esto es especulación e hipótesis. Pero apunta a señalar que detrás de la fenomenología parapsicológica no hay, como dicen los escépticos, "un gran cúmulo de afirmaciones sin sentido", sino conceptos perfectamente asimilables a nuestro saber científico (y no hablemos del saber que aún no hemos alcanzado) y que demuestra que, en cuestiones paranormales, la falta de interés académico por su estudio no tiene que ver con carencia de fundamentos sino, en todo caso, con anteojeras intelectuales.