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por Grillot de Givry
Por encima de nosotros, en las esferas eternas de las que emanan la luz y la vida, reina el misterio insondable y espléndido del Absoluto.
El Absoluto circunscribe nuestro ser como los pétalos de un capullo y ciñe el circulo estrecho de nuestros conceptos precisos; en toda cosa ha impreso su sello.
Desconocido y tenebroso para los que no poseen la ciencia, es un velo que oculta la causa primera y que se alza ante los iniciados.
Bienaventurado el que haya sabido desgarrarlo antes de la hora. Pues la luz que conozca ya no le cegara con su visión inesperada.
Pero que teman aquellos que se hayan complacido en lo inexistente; que sea el guardián del umbral quien se vea obligado a descorrerlo por si mismo. Entonces, a la vista de lo que nunca habían sospechado, de lo que quizás habían despreciado, caerán aniquilados en las profundidades del abismo donde, no teniendo ya conciencia de ellos mismos, perderán su entidad y no se volverán a encontrar nunca.
Ay del apocamiento y la parvedad de los doctos en este instante decisivo. Que aflicción por los actos no cumplidos, por los proyectos no realizados. Cuantos, no pudiendo repararlas omisiones y los errores , deberán aceptar su realización definitiva imperfectos, incompletos, impuros.
Sígueme pues, discípulo mío, en la vía del Absoluto que voy a enseñarte; sígueme y te prometo que un día ceñirás a tu frente la corona de luz, la diadema de oro de los sabios reservada a quienes, durante su vida, hayan realizado la obra que resume toda obra.
Muchos han oído hablar de la Gran Obra. Algunos se proponen consagrarse a ella. Pero muy pocos abordan su búsqueda.
Todos dicen: "Mas tarde, cuando hayamos conseguido tiempo y tranquilidad". Pero el tiempo y la tranquilidad no llegan nunca, en tanto que el Absoluto te declara sin falta puesto que de El emanas.
Ay! Podrías pasar sobre esta tierra tu que ya has mendigado la sabiduría a tantos hombres que no la poseían, sin haber descifrado el enigma, sin haber penetrado el secreto insuperable que conocieron algunos de nuestros abuelos?.
!La gran Obra! !La Gran Obra! Prestigioso vocablo. Esplendor fulgurante. Así pues algunos habrían contemplado esta maravilla en los tiempos pasados, la habrían poseído integralmente. Y tu, la dejaras inexplicada en los libros?
Y en el mas allá, dotado entonces con la plenitud de tu lucidez perceptiva, verías la falange triunfante de los sabios, inundados de una alegría radiante y plena de dicha y felicidad, deleitarse con la PIEDRA DE LOS FILÓSOFOS, alimentarse con ella eternamente, mientras que tu no tendrías parte alguna en este festín.
Y escucharas que las blancas teorías de los iniciados te gritan como Dante:
Guai a voi anime prave
non isperate mai veder lo cielo,
(Ay de vosotras, animas malvadas,
no esperéis nunca
contemplar el cielo),
mientras que ellas, triunfantes, se alejan para siempre, dejándote solo en el seno de tinieblas crecientes cuya siniestra sombra se extiende en torno tuyo.
Que este pensamiento baste, pues, para inspirarte remordimientos por haber desatendido el magisterio de los sabios.
Dios quiera que no sea demasiado tarde y que no te encuentres ya con la vida demasiado avanzada para poder emprender su realización. Pues si la ascesis no comenzó al salir de la adolescencia, es dudoso que nunca puedas llegar a la perfección. En este sentido es en el que Nicolas Valois (Alquimista, normando que escribió sobre alquimia en 1449) ha dicho: "la primavera adelanta la obra". Y santo tomas de aquino: en los primeros días, importa levantarse de madrugada y ver si la viña esta en flor".
Por lo tanto, aplícate sin retrasos y con la bendición de Jesucristo a conocerla y trabajarla.
Para dirigirte a esta vida, discípulo mío, es para lo que he emprendido, invocando al Espíritu Santo, el escribir las doce meditaciones que siguen.
Alabado sea Dios.