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Hace algún tiempo, un Frater me preguntó cuál era mi concepción de la
Libertad, y le repondí que para mí la libertad era: un concepto polémico de
suyo. El me preguntó que por qué, y le dije que eso me tomaría muchísimas
páginas explicarlo, por ello estuve meditando en qué forma podría llevar
todas esas páginas a una enseñanza breve y se me ocurrió citarles algunos
fragmentos de un Artículo Publicado por el Dr. Antonio Gala: "Historia de
la Libertad" en el libro de Estudios Básicos de Derechos Humanos III. Por
Antonio A. Cancado Tridande, Gonzalo Elizondo Y Jaime Ordoñéz. Instituto
Interamericano de Derechos Humanos. 1995. Pág.47-61No es mi promesa la brevedad, pero, sí lo es la calidad de su contenido.
Espero puedan apreciarlo.
En L.'.V.'.X.'.
Soror Arcángel
LA LIBERTAD: UN CONCEPTO POLEMICO DE SUYO
"La libertad es, en consecuencia, un concepto ambiguo y discutible. Casi un
inefable. Son demasiadas las interrogaciones que suscita y, sin embargo,
insuficientes las reflexiones que sobre él se hacen. No es algo con lo que,
de manos a boca, podamos tropezarnos en la calle, ni tampoco algo que pueda
ejercitarse en soledad. Para existir requiere presupuestos casi
contradictorios, y también para dejar de existir. No es verosímil que nadie
sea forzado a ejercerla; pero tampoco que a nadie, en el último fondo de su
alma, le sea rrebatada. Por eso se plantean tantas cuestiones clave en la
historia de este mito, tan inasequible como interminable, al que llamamos
libertad.
El hombre solo es hombre cuando es libre.Ser libre es elegir, pero también hacerse responsable por haber elegido lo
que se ha elegido.
La soledad conduce a la inhumanidad; la libertad se ejerce entre los
semejantes.Porque la libertad no es un concepto estático, no es un concepto teórico:
surge en función de una actividad, de un desenvolvimiento, de una
realizaciónEl hombre prefiere su libertad a cualquier otra cosa, la primogenitura de su
libertad a cualquier plato de lentejas; ese hombre entiende que quien se
opone a la libertad - así sea uno mismo- comete el más grave de los
crímenes: atentar contra la esencia del hombre. Esta palpitación, vital y
mortal, es la que lo define.Hablemos, por ejemplo, de la libertad religiosa. A todos nos parece
reconocida y garantizada. Pero para qué le sirve tal libertad a un hombre
que ha perdido su credulidad, su capacidad de fe, o que bascula entre una y
otra secta sin que, fuera de sí, se pose ya en ninguna? ¿De qué le sirve la
tan cacareada libertad de opinión, si no tiene opiniones personales, si la
sociedad se ocupa de que se atenga a las opiniones de Prêt a Portern o de
Reader's Digest que ella le suministra? ¿De qué sirve la libertad de
expresión, en un mundo en que los hombres obran ad exempla - es decir, no
conforme a la razón, sino conforme a la mayoría-, y cada cual es "fan" de
alguien al que copia, y la sociedad, a través de "slogans" o antenas, le
impone sus criterios económicos, sus criterios estéticos, políticos o
bélicos? De qué sirve al hombre la libertad de acción o el ejercicio libre
de su propia libertad, tan tardía y tan costosamente conseguida, si las
aspiraciones que con todas sus fuerzas cumple son solo en apariencia suyas?
Qué pocos los que se preguntan cuáles son en realidad los verdaderos deseos;
qué pocos los que se preguntan cuáles son en realidad los verdaderos deseos;
qué pocos los que se preguntan si aquello por lo que se dejan la sangre y la
vida no es más que lo que escuchan decir a la radio o a la televisión que
merece el sacrificio de su vida y sangre.El hombre actual está a punto de ser descerebrado y llenada su cabeza de
frases y pensamientos prefabricados; está a punto de trasnformarse el hombre
actual en un hombre henchido, para que no ose mantener ninguna idea rebelde
u original, con datos que en lugar de acercarlo lo alejan del conocimiento.El hombre actual se pregunta: "Si no soy lo que los otros piensan, ¿qué
seré?" Nadie. Nada. Se les desvae, buscándola, la personalidad, y sobreviene
la paranoia. Nos proponen que seamos diferentes, pero nos visten con ropas
idénticas, y en coches idénticos. Nos aferramos a clanes que nos
individualicen y nos distingan, pero somos seres intercambiables, que
galopan hacia la frustración y hacia la locura.
Es decir, el hombre se ha desatado de los obstáculos y de los vínculos que
le impedían pensar y obrar libremente; el hombre, hoy, estaría dispuesto,
estaríamos dispuestos, para actuar según su propia voluntad. Pero no la
tiene, y además no lo sabe. Se ha perdido a sí mismo. Y tras su máscara de
euforia y de satisfacción por vivir en una época tan avanzada, oculta un
clamor de soledad hacia el universo, y un clamor de impotencia. En sus manos
tiene la vida que, al no ser vivida, lo conduce, a la desesperación. Y lo
pone al borde de admitir cualquier ideología o cualquier líder, o cualquier
moda o cualquier droga. Con tal de parecer diferente sin serlo. Con tal de
ser tenido como individuo sin que lo obliguen a recorrer el largo camino,
afilado y penoso, del pensamiento individual.Ante una situación tan crucial, ¿Qué soluciones caben? Una, negativa:
retroceder; retornar al origen; superar el aislamiento, fusionándose con la
Naturaleza, es decir, animalizándose en el edén previo a la queja y a la
manzana, olvidarse de la individualidad y atenerse a la especie; abdicar de
la libertad llámense facismo o antifascismo, y rendirse con la misma pasión
que nuestros antecesores pusieron en sublevarse.La solución positiva de que hablo - la libertad auténtica- no puede apoyarse
sino en la actuación espontánea de la personalidad, verdadera e irrepetible
en cada ser humano. O sea, transcurrirá por una doble vía: L a libre
voluntad no manipulada y el individualismo diferenciador. Solo por este
camino, que será independiente sin desgajarse de la Humanidad; el hombre
será crítico sin ser devorado por las dudas.Tal voluntad espontánea, jubilosa y activa, nos salvaría. Porque nos haría
poseedores de lo nuestro.La creación, en un amplio, en amplísimo sentido, es lo único que importa. No
por sus resultados - ni el fracaso, ni el éxito- sino por sí misma.Por tanto, en el cumplimiento de la voluntad individual y espontánea es
donde se asentará la libertad verdadera.
Yo ignoro si el mono, perfeccionándose meticulosamente, se hizo hombre; sé
que el hombre, perfeccionándose, puede hacerse de alguna manera dios. Porque
la divinidad no reside en la imnipotencia, ni en la eternidad, ni en la
inmutabilidad. Quizá ser dios consista en -Cristo en el fondo lo dijo- ser
hombre verdadero hasta las últimas y mejores consecuencias. He ahí lo que
debemos proponernos como meta. Nosotros jamás la alcanzaremos. Pero quizá
alcancemos la esperanza de que el hombre llegue a ella algún día. De
nosotros, de todos nosotros, de cada uno de nosotros, depende. Y os juro que
es bastante."Extraído de: Gala, Antonio. Historia de la Libertad. Estudios Básicos de
Derechos Humanos III. Por Antonioo A. Cancado Tridande, Gonzalo Elizondo Y
jaime Ordoñéz. Instituto Interamericano de Derechos Humanos. 1995. Pág.47-61_________________________________________________________________________
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