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Por absurdo e inverosímil que parezca, se puede aseverar que nosotros mismos somos los causantes de nuestros males y dolencias. Aunque el medio ambiente, los cambios climatéricos, los accidentes, etc. Parezcan ser las causas determinantes de la enfermedad, la verdadera causa, tenemos necesariamente que buscarla dentro de nosotros mismos.
Todas las dolencias físicas, mentales etc. Que nos aquejan, se manifiestan primero en nuestro cuerpo mental y emocional, antes de manifestarse en nuestro físico; provienen de nuestra errónea manera de vivir, de pensar y de sentir; son el resultado directo de errores del pasado y de un punible descuido al no atender el llamado interior de nuestra consciencia, que constantemente trata de sobreponerse a nuestra naturaleza inferior.
Los Grandes Seres, que desde los mundos celestes guían el destino de la humanidad, permiten que suframos las consecuencias inevitables de nuestros errores, en un esfuerzo para obligar a nuestra naturaleza inferior a soltar los tentáculos con que se aferra a nuestros vehículos superiores. Lo aceptemos o no, todos, tarde o temprano, nos veremos forzados a admitir que todos nuestros sufrimientos se deben a nuestros propios actos, tanto a los de esta vida como a los de nuestras vidas anteriores.
Malos sentimientos, mala voluntad para con los demás, gratificación inmoderada de los sentidos y otras formas de egoísmo, tienden a interferir con las glándulas, nervios y órganos de nuestro cuerpo. Aunque es cierto que podemos con frecuencia aliviar, en parte o completamente, nuestras dolencias, por medio de dietas, adecuadas, medicamentos y tratamientos varios, lo cierto es que solo podemos aspirar a una curación completa, cuando desterramos todas las bajas inclinaciones de nuestra naturaleza inferior y vivimos la vida superior de pureza de amor y de servicio desinteresado a la humanidad.
Es por tan importante razón, que la curación verdadera, nos permite aprender la lección espiritual contenida en la enfermedad misma. Comprendemos entonces, que debemos atribuir la causa de la enfermedad a nuestra propia ignorancia y locura, por haber infringido las leyes de la naturaleza, y no a una causa desconocida que, en nuestra ignorancia, atribuimos a una suerte caprichosa y despiadada. Esto nos permite trabajar en mas intima armonía con los Auxiliares Invisibles y así poder desterrar los malos habitos que hemos visto, se manifiestan en males y dolencias por no guardar armonía con el plan Divino de la Creación.
Descubierta y aceptada la causa interior inmediata de nuestros males y dolencias, que puede ser nuestra irritabilidad, la gratifificacion desordenada de nuestros sentidos, el odio, el resentimiento, el miedo, la lascivia, o cualquier otra causa de orden negativo y destructivo, que nos mantiene atados a nuestra naturaleza inferior, podemos entonces comprender la gloriosa tarea de nuestra liberación, con sistemática persistencia y fe en Dios. Esto lo podemos realizar resistiendo y combatiendo todo aquello de orden inferior.
Pero existe un método natural de mucho mayor eficacia. En efecto un momento de reflexión nos demostrara que el polo opuesto de todo vicio es una virtud, en la que ese vicio debe ser trasmutado. Inmediatamente comprendemos entonces lo imposible que es ser al mismo tiempo abstinente y glotón, paciente e impaciente, amoroso y desamorado, puro e impuro, etc., por consiguiente, si cultivamos cierta cualidad, el vicio opuesto quedara desterrado. Viviendo una vida consagrada a los altos ideales, cultivando lo bueno y lo verdadero dentro de nosotros y tratando siempre de ponernos a tono con las altas vibraciones del amor, automáticamente nos sobreponemos y venceremos todas las bajas tendencias a que nos impele nuestra naturaleza inferior, con tanta o más seguridad el calor se opone al frío y la luz a las tinieblas. Es mucho más fácil desterrar un mal habito (vicio), que atacándolo directamente y extrayendo de raíz. Esto es sin duda, lo que San Pablo quiso significar, cuando dijo: no te dejes sobreponer por el mal, antes bien sobrepón el mal con el bien.
Es innegable que muchos de nosotros hemos adquirido malos hábitos y que esta fuera de control de nuestra voluntad él poder desterrar. Sin embargo si sabemos que los Auxiliares Invisibles trabajan con nosotros mental, emocional y espiritualmente, para restablecer la armonía dentro de nosotros y suavizar nuestros dolores y que además, están siempre dispuesto a ayudarnos amorosamente y liberarnos de nuestros males por auto-regeneracion; esa poderosa ayuda, sumada con la que nosotros mismos podemos aportar, nos permitirá obtener resultados que nos seria imposible obtener por nosotros mismos. Siendo esto posible, en el caso particular de usted, lo urgimos para que coopere con los Auxiliares Invisibles, escribiéndonos semanalmente con todo fe, sea aparente o no, hasta ese momento, los resultados obtenidos.
Usted a apelado a nosotros en busca de ayuda espiritual, pues bien crea y realice que ya la esta recibiendo. Tenga presente sin embargo que el beneficio que pueda usted obtener de tal ayuda, depende en gran parte, de su voluntad y firme deseo de cooperar con los auxiliares Invisibles, para establecer, la armonía desaparecida entre su vida y la ley Natural Divina.
Usted no puede esperar que ninguna Entidad Divina, por amorosa que sea quiera hacerle perder sus malos hábitos y errores por la fuerza, pues eso seria atentar contra su libre albedrío, que es un Don que Dios nos ha dado. Es a Usted a quien le corresponde combatir con voluntad y decisión sus errores y malos hábitos, esa es la manera como debe usted cooperar. Es una gran verdad que Dios por intermedio de sus Auxiliares Invisibles- ayuda a los que se ayudan a sí mismo.
RENOVARSE ES VIVIR.
v/c