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EL RESULTADO DE LAS FRUTAS REGALADAS POR UN SANTO

En algunas partes de la India, cuando una esposa devota perdía a su esposo, esta se colocaba en su hoguera funeraria y era quemada junto con su esposo. Si alguna vez una mujer de estas huía del fuego, no sería aceptada por sus parientes, sino que sería entregada a los intocables. De hecho, una esposa verdaderamente devota en realidad muere en el preciso momento en que el esposo muere.

En una ocasión, el Rey Bharthari le decía a su esposa cuanto admiraba a una mujer que había muerto de esta forma en la hoguera con su esposo. La esposa respondió que era curioso que esta mujer vivió hasta el momento de construir y luego encender la hoguera; que ella en realidad debió haber muerto cuando su esposo murió. El Rey Bharthari consideró este un pensamiento muy noble, pero al mismo tiempo quería poner a prueba la devoción de su esposa.

Un día él fue de cacería, y luego de matar a un venado, empapó sus ropas en la sangre y las envió al palacio, junto con el mensaje de que había sido muerto por un tigre. Cuando la esposa escuchó esto, se desmayó y murió instantáneamente. Cuando el rey regresó al palacio, sintió un increíble remordimiento por haber perdido a una esposa tan devota. Pero en un corto tiempo se casó de nuevo. Desafortunadamente, su segunda esposa resultó ser lo contrario de la primera.

Algún tiempo después, un Santo visitó la corte y le dio fruta al Rey Bharthari, la cual podría hacer a una persona vieja joven otra vez. El rey, creyendo que tenía otra esposa devota, le dio la fruta como una muestra especial de su aprecio hacia ella, y le explicó sus virtudes.

Pero la reina estaba enamorada del jefe de la policía, y le dio la fruta a él. Este hombre estaba prendado de una prostituta, y la fruta se la dio a ella. Cuando la prostituta se enteró de las cualidades de la fruta, pensó que toda su vida había sido vivida en pecado, y que si la comía, simplemente prolongaría su vida de pecado. Así que, por qué no darle la fruta al rey, quien era tan virtuoso, noble y grande, en cuyo reino todo el mundo era tan feliz.

Al darle la fruta al rey, este la reconoció al instante y le preguntó consternado:

"¿De dónde obtuviste esta fruta?"

"Me la dio el jefe de la policía," le dijo.

El Rey envió por el jefe de la policía y, señalando la fruta, preguntó:

"¿Cómo obtuviste posesión de esta fruta?"

Naturalmente, el jefe de la policía estaba dudoso de decir la verdad. Pero eventualmente puso todo en claro y le dijo al rey:

"La fruta me la dio la reina."

Mientras el Rey Bharthari ponderaba sobre este triste acontecimiento, pensó:

"Con cuanto desprecio esta libertina reina ha tratado mi honesto amor. Y pensar que ella tiene al rey por esposo; sin embargo fue a uno de mis sirvientes ¡el jefe de la policía! ¡Y cuan desafortunado es él! Tenía a la reina por concubina, pero andaba detrás de una prostituta común. ¿En qué clase de mundo ocurren estas cosas? ¡Y que clase de gente vive en él! Tantos son deshonestos, y tan pocos son nobles."

Pensando de esta manera, el Rey Bharthari renunció a su trono y dedicó el resto de su vida a adorar al Señor.

Aquellos quienes no atesoran el Nombre del Señor

Vagan engañados y confundidos;

Sin el amor de Su Eterno Ser,

El hombre no tiene destino, sino remordimiento y angustia.

--Gurú Nanak
 
 
El hombre vive como un hipócrita, víctima de sus propios actos;

El hombre es destruido por ataduras mundanas

--Guru Amar Das

Cuando un hombre está en aprietos,

Y nadie viene a ayudarle,

Cuando ha perdido toda ayuda y esperanza;

Solo permitidle pensar en el Señor,

Y ningún daño le tocará.

--Gurú Arjan

Si corres tras el mundo, el mundo te dominará.

Dale la espalda al mundo y lo transcenderás.

--Abu Hasan