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Las
personificaciones de energías menos generales en el universo no
pueden caber en los mitos, hablando propiamente. Aquí la particularización
necesita una gran complejidad; y sólo los hindúes, a quienes
el detalle no asusta, han osado, en sus voluminosos escritos, exponer
simbólicamente el papel de las múltiples personificaciones
de que se trata.
Los
egipcios, los griegos y los hebreos se han contentado con examinar globalmente
cada categoría; toda vez que con extensiones más o menos
grandes de detalles, siguiendo la “mentalidad” de las razas.
Existe,
por tanto, toda una jerarquía en estas personificaciones; la
palabra jerarquía había sido creada precisamente para caracterizar,
en cada categoría, la gradación que obligatoriamente se considera.
En
este orden de ideas, es posible pasar en silencio una categoría,
considerada como secundaria, pero se falsearía la comprensión
si en una determinada categoría no se mencionara completamente la
jerarquía.
Los
hebreos han detallado más, y lo han hecho suficientemente,
si nos atenemos a su cábala .Pero
traducidas al griego, en los comienzos del cristianismo, y sobre todo derivadas
de su sentido helénico a continuación, las expresiones
hebreas han adquirido las acepciones más alejadas de su verdadero
sentido.
— Elevándose
inmediatamente por encima del mundo de la acción (llamado aziah
en
la cábala, y que es la propia naturaleza terrestre) se encuentra
el dominio más inferior del mundo de la formación (llamado
iezirah
en
la cábala); allí residen las fuerzas del sistema solar, de
las que la Luna, el Sol y los planetas forman parte.
Allí
residen, por consiguiente, los ángeles hebreos, o mejor dicho,
aquellos que en griego (en tiempos del imperio de Bizancio) se pensó
representar por la palabra aggeloi,
que quiere decir mensajeros.
No
era, en efecto, tarea fácil traducir al griego lo que los hebreos
entendían por haioth - hakodesch, expresión que ordinariamente
traducida sería animales de santidad (del latín animalia
sanctitatis), que quiere decir, sobre todo, entidades existentes
y dotadas de fuerza vital a las que, en razón de su estado superior,
se les debe atribuir un carácter sagrado. Pero las personificaciones
aferentes a las energías del sistema solar se encuentran entre las
más inferiores, en las categorías designadas globalmente
como haioth - hakodesch, que comprenden la totalidad de las energías
del universo, o mejor dicho, de lo universal.
Se
ha encontrado
en lenguaje helénico una palabra hebrea que
expresaba
muy
bien el papel asumido por cada una de estas personificaciones
en el funcionamiento de las “cosas”, se trata de la palabra aggelos.
Efectivamente,
toda energía cósmica se conduce, en el universo, como si
cumpliera una misión definida
en el orden establecido por
la Divinidad (o la Providencia).
Por
otro lado, la palabra evoca la forma en que la astrología comprende
el papel energético dc los astros. Cada astro anuncia, por
su posición, un hecho, y el
aggelos griego es un mensajero
que anuncia alguna cosa; se trata de una especie de heraldo de armas,
como se decía en los tiempos de la caballería.
Sin
embargo, todos los hazoth-hakodesch no representan fuerzas localizables
en los astros del sistema solar, y los hebreos consideraron nueve categorías,
superiores unas a otras. El griego se consideraba impotente, a pesar de
su gran ingenio, para traducir las expresiones hebreas; sin duda también
tenía miedo de aumentar la confusión que ya nacía
con el empleo de la palabra aggelos. Entonces, las diversas personificaciones
comprendidas entre los ha íoth-hakodesch se convirtieron
indiferentemente en los ángeles.
Sin
embargo, considerándolo todo de forma correcta, los ángeles
del sistema solar se referían al mundo de la formación; mientras
que en el de la acción (y el de naturaleza terrestre) otras fuerzas
derivadas existían con su personificación hebraica. Se las
clasificó reservando el término ángel para
éstas y elevando las precedentes a la dignidad de arcángel,
lo
que después dc todo, en griego, quiere decir ángel primordial.
El
cristianismo, desde su comienzo, ha tenido también nueve categorías
de ángeles, de las que han formado parte los arcángeles y
los
ángeles inferiores. Los artistas han representado a estos
últimos con los rasgos de niños, porque se les consideraba
como pequeños —pero jerárquicamente—. Y las categorías
angélicas fueron denominadas, cada una de ellas, coros,
porque
la palabra, que también es griega, significa un conjunto
de objetos o personas que se mueven en un orden simétrico, lo
que hace pensar que se tenía entonces una idea más exacta
de los modos vibratorios y su
proceso en el universo.
Los haíoth-hakodesch
comprenden
las siguientes categorías por orden descendente:
Seraphim
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Serafines
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Cherubim
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Querubines
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Aralim
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Tronos
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Haschmalim
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Dominaciones
|
Tharschisim
|
Potencias
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Malakim
|
Virtudes
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Clohim
|
Principados
|
Beni-Elohim
|
Arcángeles
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Aischim
|
Ängeles
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Las
denominaciones en los idiomas modernos (francés, español,
etc.) reproducen —pero no traducen— las que han sido adoptadas en
latín para transformar, lo más exactamente posible, la significación
de los vocablos hebreos. Con las modificaciones de sentido que han
ido sufriendo a través de los tiempos —las expresiones en dichos
idiomas modernos— se ha producido una cierta confusión.
Hasta
las potencias
incluidas, las categorías están bastante
bien designadas; pero más allá, concretamente en lo relativo
a los ángeles y arcángeles, las apelaciones de virtudes
y
principados
no
son del todo justas, en el sentido en que nos veríamos tentados
a tomarlas.
La
palabra latina virtus significa exactamente fuerza moral (en
oposición a fuerza material); evoca una idea de influencia y de
efecto (el francés utiliza la expresión en virtu de
—en virtud de— para decir en razón de, lo que también
se utiliza en castellano). Se sabe entonces lo que se entiende por
virtutes
—virtudes—
cuando se trata de personificaciones angélicas.
Pero
la palabra latina principatus no quiere decir solamente principado,
en
el sentido moderno de la expresión, quiere decir más bien
principio
u
origen,
o mejor todavía, comienzo,
y por ello evoca muy justamente
el papel de los elohim hebreos, tal como Moisés los presenta,
a partir de las primeras palabras del Génesis.
Los
vocablos latinos, específicamente, han sido elegidos por San Jerónimo,
con objeto de conservar en los términos utilizados por los hebreos
todo su valor iniciático; porque San Jerónimo, en su Prefacio
galeático a la Vulgata, ha indicado claramente hasta qué
punto conocía la gnosis, y por lo tanto, la cábala.
—
Las categorías de los haioth-hakodesch son en número
de nueve, de tal forma que constituyen un novenario que, según la
clave
por adición, indica el saber, y de acuerdo con la clave
por multiplicación (o construcción geométrica),
indica el desplazamiento, como consecuencia el movimiento,
y esto implica úna energía motriz.
Pero
el número 9 puede ser tomado también como evocador a
la vez que figurativo (se trata de un número mixto, como
la exposición relativa a los números que se da más
abajo hace comprender).
Considerar,
por lo tanto, que las nueve categorías de los haioth-hakodesch
constituyen
un saber es comprender el número 9 en tanto que número
evocador y razonar según la clave por adición. De esta
manera, se sabe cómo las energías consideradas se clasifican
para actuar, pero no cómo actúan ellas.
Tomando
el 9, en tanto que número figurativo, y razonando según la
clave por multiplicación, se capta, por el contrario, su acción.
De esta forma, el número figurativo toma aspecto energético.
La
construcción del eneágono, que es muy sabia y exige el conocimiento
de la hipérbole (o del conchoides
según los antiguos),
hace surgir muy bien la legitimidad de este aspecto energético.
De
ahí que la totalidad de las construcciones geométricas que
proceden del eneágono tomen idéntico aspecto, y si el polígono
de 18 lados no representa más que los equilibrios en un energetismo
general,
los polígonos de 36 y 72 costados representan, por el contrario,
distribuciones de energía.
De
ahí los 36 decanos, egipcios y griegos, divinizados en razón
de su acción superior; de ahí también los 72 genios
hebreos,
tomados como divinos en virtud de una idéntica consideración.
—
Pero cuando se habla de energía y de “corrientes” —-estando
utilizada esta expresión para facilitar la comprensión— hay
que hacer una diferenciación entre la fuerza utilizada y su vehículo;
es decir, para tomar un ejemplo vulgar, considerar por una parte la corriente
eléctrica y por otra el cable por el que pasa.
Todo
razonamiento que se aplica a la corriente debe necesariamente hacerse
de acuerdo con los números figurativos, porque se trata de una forma
de
energía. Mientras que todo razonamiento que se aplique al vehículo
—el cable en nuestro ejemplo— debe, por el contrario, hacerse según
los números evocadores, puesto que se trata de un substratum
sobre
el que pasa (o corre) la energía.
Los
antiguos, teniendo en cuenta esta diferenciación, han catalogado
únicamente
7
energías planetarias, personificadas por los arcángeles.
En efecto, el conjunto angélico constituye un circuito por
el que pasan 7 modalidades de una forma especial de la energía universal,
que se denomina planetaria para caracterizarla.
Cuando
es la demonología lo que se considera, estas 7 personificaciones
tienen su réplica en 7 demonios. Esta manera de ver podría,
en este sentido, corresponder a la oposición (siempre moral y no
física) de los efectos maléficos de los astros a sus efectos
benéficos.
Dejando
aparte algunas variantes, debidas a confusiones relativas a la sucesión
de los signos planetarios, los 7 arcángeles han tenido en todo
momento correspondencias precisas con los astros del sistema solar.
—
Nota.
Las
variantes que pueden comprobarse en las atribuciones de arcángeles
a los planetas proceden del hecho de que las sucesiones de los siglosplanetarios
son más numerosas que las que se mencionan en los tratados le astrología.
Estas sucesiones representan en su totalidad
procesos armónicos
en
las manifestaciones de las modalidades energéticas. Pero como resulta
que a magia astrológica había permanecido secreta, por ello
los vulgarizadores de a época alejandrina no tenían más
que nociones. Más tarde se pudo comprobar que determinados
arcángeles —o dicho de otra forma, determinadas energías
planetarias— no correspondían muy exactamente a las atribuciones
dadas. Se ha querido rectificar, y de ahí proceden las variantes.
En
este sentido el cristianismo, en todo momento para ser prudente, se ha
dedicado a considerar sólo tres arcángeles hebreos: Miguel,
Gabriel y Rafael, que han sido santificados por la tradición
latina de la expresión hebrea kadosch.
Paralelamente,
determinados hebraizantes, a partir de la toma de posición intelectual
del siglo Xl, han reservado con frecuencia la apelación de haioth
- hakodesch
sólo para los serafines, y queriendo ser más
claros modificaron las apelaciones de determinadas categorías reemplazándolas
por sus equivalentes hebreos.
—
Las jerarquías precedentes, refiriéndose únicamente
a los tres mundos superiores al de la naturaleza terrestre, dejan a un
lado las que se refieren al mundo de la acción (Aziah).
Todo
lo que lleva el nombre genérico de elemental o espíritu
representa
una personificación de las fuerzas de este último mundo,
que es el más inferior del esquema cabalístico.
Los
elementales
se
consideran, en general, como revelando directamente
la materia
o los estados de la materia, comprendiendo allí las energías
psíquicas, como la electricidad, el viento, las fuerzas. del calor,
las resultantes de las combinaciones químicas, y también
el fuego, la atracción del peso, en suma, todo aquello que es objeto
de estudio por la química y la física.
Los
espíritus
personifican
las fuerzas actuantes indirectamente
sobre la materia, como las
energías intra-atómicas, la afinidad química, las
fuerzas generadoras que permitan la procreación de los seres vivos,
las energías constructivas de estos mismos seres que establecen,
cada una en su especie y en su raza, las fuerzas hereditarias que transmiten
los caracteres específicos y los caracteres adquiridos, la
fuerza vital: ella misma; en una palabra, todo lo que cae bajo el dominio
de la química atómica, la bioquímica y la biología.
Pero
entiéndase bien que estos espíritus no
tienen nada en común con los espíritus de los espiritistas
o espiritas; siendo, por otra parte, por una traducción trastocada
del inglés como ha surgido el término francés spirite,
que
se suele traducir en castellano por espírita, como especial
acepción de lo que se conoce como espiritismo.
Los
elementales
y
los espíritus han sido catalogados bajo una multitud de apelaciones,
entre las que no puede hacerse una clasificación válida.
La superstición, añadiéndose a las derivaciones y
deformaciones en este sentido, impide que se reconozca otra cosa que
una gran confusión. Todavía no refiriéndose más
que a un solo pueblo —a condición de no considerar más que
una época precisa— se podría discernir a qué se refieren
las principales personificaciones. Pero como resulta que cada pueblo
habla su lenguaje, se expresa según su “mentalidad”, y como los
siglos van pasando, las mismas expresiones en un mismo país han
cambiado de significación —un elemental se ha transformado
en un espíritu y a la inversa—. Se sabe, por lo demás, cómo
se hace difícil en fisiología, por ejemplo, diferenciar
en términos especiales lo que procede de la física, la química
o la biología, con mayor razón cuando se utiliza una misma
terminología.
Es
por lo que este mundo terrestre de la acción se encuentra poblado
de ninfas, dríades, oréades, epimeliadas y agraidas diversas
en Grecia; hadas, duendes, elfos, fuegos fatuos y todo tipo de fantasmas
o espectros, como dicen los ingleses, en el occidente de Europa; manes,
lémures, fantasmas, como declaraban los romanos; dragones y
tifones para los chinos, djins para los árabes.
Cuando
se ha querido, siguiendo los principios de la cábala, poner un poco
de orden en esta multitud abigarrada, se convino que estos elementales
y
estos espíritus estarían integrados en cuatro categorías:
—
La de la tierra, comprendiendo los gnomos.
—
La del agua, comprendiendo las ondinas.
—
La del aire, comprendiendo los silfos.
—
La del fuego, comprendiendo las salamandras.
Esta
clasificación corresponde a la de los cuatro principios llamados
elementales
—división
en cuatro partes iguales—, por oposición
diametral de la
tierra al agua y del aire al fuego. De ahí que las salamandras y
las ondinas se hicieran femeninas, mientras que los gnomos y los
silfos permanecieron como masculinos.
Esto
no ordenaba nada, pero permitía aparentemente ponerse de acuerdo
con la clave general de la cábala, que es el cuaternario de la palabra
divina.
Sin
embargo, estos principios cardinales eran por esencia elementales
—por
el hecho de que cada uno se refería a lo que los antiguos llamaban
un elemento—. Así se sintió el deseo de distinguir
los elementales
de los elementarios y se admitió que
un elemental tenía un carácter inferior en relación
a un elementario, puesto que éste estaba más estrechamente
relacionado con un principio.
Sin
embargo no se pudo hacer más, pareciendo imposible relacionar
unos y otros con el mecanismo cabalístico de los genios, decanos
y, sobre todo, de los haioth-hakodesch.
CUADRO
DE LOS ANGELES QUE GOBIERNAN LAS HORAS DEL DIA
Nombre
de
laDomingo Lunes Martes Miércoles
Jueves Viernes Sábado
hora
1YafnMichaelGabrielSamaelRafaelSachielAnaelCassiel
2lanorAnac!CassielMichaelGabrielSamaelRafaelSachiel
3NasniaRafaelSachielAnaelCassielMichaelGabrielSamael
4SallaGabrielSamaelRafaelSachielAnaelCassielMichael
5SadedaliCassielMichaelGabrielSamaelRafaelSachielAnael
6ThamurSachielAnaelCassielMichaelGabrielSamaelRafael
7UrerSamaelRafaelSachielAnaelCassielMichaelGabriel
8ThanirMichaelGabrielSamaelRafaelSachielAnaelCassiel
9NéronAnaelCassielMichaelGabrielSamaelRafaelSachiel
10JayonRafaelSachielAnaelCassielMichaelGabrielSamael
11AbayGabrielSamaelRafaelSachielAnaelCassielMichael
12NatalonCassielMichaelGabrielSamaelRafaelSachielAnael
CUADRO
DE LOS ANGELES QUE GOBIERNAN LAS HORAS DE LA NOCHE
Nombre
de
laDomingoLunes
Martes Miércoles JuevesViernes
Sábado
hora
1BéronSachielAnac!CassielMichaclGabrielSamaelRafael
2BarolSamaelRafaelSachielAnaclCassielMichaelGabrjcl
3ThamjMichaelGabrielSamaelRafaelSachielAnaelCassicl
4AthizAnac!CassielMjchaclGabriclSamaelRafaelSachiel
5MathonRafaelSachielAnac!CassielMichaclGabrielSamacl
6RanaGabrielSamaelRafaelSachiclAnac!CassielMichael
7NetosCassielMicbaelGabrielSamaelRafaelSachiclAnael
8TafracSachielAnaelCassielMichaelGabrielSamaclRafael
9.SaffurSamaelRafaelSachielAnaelCassiclMichaelGabriel
10AgIoMichaelGabrielSamaelRafaelSachiclAnac!Cassicl
11CalervaAnaelCassiclMichaclGabrielSamaelRafaelSachicl
12SalaanRafaelSachielAnaelCassielMichaelGabrielSamael
—Nota. Las
horas mencionadas en los cuadros precedentes se cuentan en tiempoesotérico,
como
se ha dicho más arriba.
Septenario
de los arcángeles
—Los
siete ángeles planetarios son denominados generalmente arcángeles.
Sus
nombres respectivos tienen un significado preciso en hebreo, que conviene
tener en cuenta.
Estos
nombres se traducen ordinariamente así:
Anael
Gabriel
Samael o
Sammael
Michael
Sachiel.
Rafael
Cassiel
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