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Cuando hablamos de "los Mundos más densos" o de los "estados más densos de materia", debe tomarse el término en el sentido relativo de la palabra. En caso contrario ello implicaría una limitación para el Absoluto, lo que sería absurdo. Densidad y sutilidad, lo mismo que arriba y abajo, este y oeste, pueden aplicarse sólo relativamente a nuestro propio estado o posición. Así como hay mundos superiores y sutiles sobre los que abarca nuestra oleada de vida, así también hay estados más densos de materia que forman el campo de evolución de otras clases de seres. Ni debemos imaginarnos, tampoco, que esos mundos más densos están repartidos en el espacio; esos mundos están interpenetrados por nuestra Tierra, análogamente como los mundos superiores interpenetran a esta última. La solidez aparente de la Tierra y de las formas que vemos en torno nuestro no pueden impedir el paso de un cuerpo más denso aún, así como el más sólido muro que construyamos no puede evitar el paso de un ser humano que viaje en su cuerpo de deseos. La solidez no es tampoco sinónimo de densidad, y buen ejemplo de ello es el aluminio, sólido que es mucho menos denso que el mercurio, lo que no impide que este último, a pesar de su densidad, se evapore y exude a través de muchos sólidos. Como que estamos en el cuarto período, tenemos actualmente cuatro elementos. En el Período de Saturno no había más que un elemento: El Fuego, o calor, que no es más que fuego incipiente. En el segundo Período, o Solar, había dos elementos: Fuego y Aire. En el Tercer Período, o Lunar, había tres, con el Agua que se agregó. En el cuarto, el Terrestre, se añadió un cuarto elemento: La Tierra. Vemos, pues, que en cada período hay un elemento más,
En el Período de Júpiter se agregará un elemento de naturaleza espiritual, el que se unirá al lenguaje, de manera que las palabras llevarán siempre consigo la verdadera comprensión, sin dar lugar a equívocos como sucede tan frecuentemente ahora. Por ejemplo, cuando uno dice: "Casa", puede querer dar a entender una choza, mientras que el interlocutor puede entender que se habla de un gran edificio.
Las clases mencionadas en el diagrama 10 fueron traídas a este ambiente de cuatro elementos por las Jerarquías que las tenían a su cargo. Recordaremos que, en el Período Lunar, estas clases formaban tres reinos: Animal, animal- vegetal y vegetal-mineral. Aquí, en la Tierra, sin embargo, son tales las condiciones existentes que ya no puede haber clases intermedias. Sólo pueden existir cuatro reinos distintos y diferentes. En esta fase cristalizada de la existencia, la diferencia entre ellos debe ser mucho más precisa que lo que era en los primeros períodos, en el que cada reino se esfumaba en el siguiente. Por lo tanto, algunas de las clases nombradas en el diagrama 10 avanzaron medio grado, mientras que otras retrocedieron otro medio.
Algunos de los minerales-vegetales avanzaron completamente hasta el reino vegetal y formaron la verdura de los campos. Otros retrocedieron y se convirtieron en el suelo puramente mineral en el que crecen las plantas. De los vegetales-animales, algunos se desarrollaron hasta el reino animal, y esas especies tienen todavía la sangre incolora de los vegetales; y otras tales como las estrellas de mar, conservan aún las cinco puntas, semejantes a los pétalos de una flor.
Aquellos de la clase 2, cuyos cuerpos de deseos pudieron ser divididos en dos partes (en cuyo caso estaban todos los de la clase 1), podían actuar en vehículo humanos, y por lo tanto, se desarrollaron en el grupo humano.
Debemos recordar cuidadosamente que en los párrafos anteriores nos hemos referido a la forma, no a la vida que anima a las formas. El instrumento está graduado para que sirva a la vida que lo anima. Aquellos de la clase 2, en quienes se podía efectuar la división mencionada, se elevaron hasta el reino humano, pero se le dio el espíritu interno un poco más tarde que a los de la clase 1. Por lo tanto, no están tan desarrollados como los de la clase 1 y forman, en consecuencia, las razas humanas inferiores.
Aquellos cuyos cuerpos de deseos eran incapaces de división, fueron colocados en la misma división que las clases 3a y 3b, y constituyen nuestros presentes antropoides. Sin embargo, podrán seguir con nuestra evolución si alcanzan un grado de desarrollo suficiente antes del punto crítico ya mencionado, que vendrá a mediados de la quinta revolución. Si no lo consiguen hasta ese entonces, perderán todo contacto con nuestra evolución.
Dijimos que el hombre había construido su triple cuerpo con la ayuda que le prestaron otros seres superiores a él; pero en los primeros períodos no había poderes coordinados: El triple espíritu, el Ego, estaba separado y aparte de sus vehículos. Pero ahora había llegado ya el tiempo en el que el cuerpo y el espíritu debían unirse.
Cuando se podía dividir el cuerpo de deseos, entonces la parte superior se convertía, en cierta forma, en el señor o dominador de la parte inferior del mismo y de los cuerpos vital y denso. Formaba algo así como un alma-animal con la que se podía unir el espíritu por medio del eslabón de la mente. Cuando no había división del cuerpo de deseos, este vehículos e entregaba a las pasiones y deseos sin ningún freno y, por lo tanto, no podía ser empleado como vehículo interno en el cual pudiera existir el espíritu. Así que, entonces se le puso bajo el gobierno de un espíritu grupo, quien lo guiaba desde fuera, y se convirtió en un cuerpo animal, y esa clase es la que ahora ha degenerado y convertídose en el cuerpo de los antropoides.
Conforme el cuerpo de deseos admitía la división, así el cuerpo denso iba adquiriendo gradualmente la posición vertical, sacando así su espina dorsal del alcance de las corrientes del Mundo del Deseo por medio de las cuales obra el espíritu-grupo sobre el animal, a través de la espina dorsal horizontal. El Ego podía entonces entrar dentro, obrando y expresándose a sí mismo por medio de la espina dorsal vertical y construir la laringe vertical, así como el cerebro para su expresión adecuada en el cuerpo denso. La laringe horizontal está también bajo el dominio del espíritu-grupo. Si bien es cierto que algunos animales, tales como los estorninos, cotorras, loros, etc., ya mencionados, pueden emitir palabras, por poseer laringe vertical, no pueden emitirlas inteligentemente. El emplear palabras para expresar el pensamiento es el más alto privilegio de la humanidad, y sólo puede ser efectuado por una entidad que piense y razone, análoga al hombre. Si el estudiante fija bien esto en su mente, le será muy fácil seguir los diferentes grados que conducen a ese resultado.
Una inexpresable sabiduría ha sido empleada en su construcción. Es una maravilla. Nunca se le inculcará lo suficiente al estudiante todas las inconmensurables facilidades para adquirir el conocimiento que contiene ese instrumento, y qué gran beneficio constituye para el hombre; cuánto debe estimarlo, y cuán agradable debiera encontrarse por poseerlo.
Ya se dieron algunos ejemplos de la perfección de su construcción; pero, para hacer más evidente al estudiante esta gran verdad, no estará fuera de lugar el ilustrar aún más esa sabiduría y también el trabajo del Ego en la sangre.
Se sabe generalmente, aunque de manera vaga, que el jugo gástrico actúa sobre el alimento para producir la asimilación; pero muy pocos, salvo los médicos, están familiarizados con el hecho de que haya muchas clases de jugos gástricos, siendo cada uno de ellos apropiado para tratar determinada clase de alimento. Las investigaciones de Pavloff, sin embargo, han establecido ese hecho más allá de toda duda: Que hay una clase de jugo para la digestión de la carne, otro para la leche, otro para las frutas ácidas, etc. Debido a esto es que no todas las mezclas hacen bien. La leche, por ejemplo, necesita un jugo gástrico completamente diferente del que se necesita para cualquier otro alimento, excepción hecha de los almidones, y no puede digerirse con facilidad si se mezcla con otros alimentos que no sean cereales. Unicamente esto mostraría una sabiduría maravillosa: Que el Ego obrando subconscientemente pueda seleccionar los diferentes jugos, cada uno de ellos apropiado a los diversos alimentos que se introducen en el estómago, teniendo cada uno también la energía y cantidad necesarias para digerir. Pero lo que maravillas más aún, sin embargo, es que el jugo gástrico se filtra en el estómago antes de que el alimento entre en él.
Este proceso de mezclar los jugos no lo hacemos conscientemente. La gran mayoría no sabe nada del metabolismo o de cualquier otra fase de la química. Así que no es suficiente el decir que cuando probamos lo que estamos comiendo dirigimos el proceso por medio de señales dadas por el sistema nervioso.
Cuando se descubrió esa selección de los jugos gástricos, los hombres de ciencia se encontraron muy embarazados para comprender o explicar cómo se seleccionaba el jugo necesario y que éste se filtraba en el estómago antes que el alimento. Pero se demostró también más allá de toda duda que el jugo apropiado se filtraba en el estómago aunque el sistema nervioso estuviera inhibido.
Por último, Starling y Bayliss, en una serie de brillantes experiencias, probaron que la sangre tomaba partes infinitesimales del alimento tan pronto como éste penetraba en la boca, y las llevaba directamente a las glándulas digestivas, lo que causaba el flujo del jugo gástrico requerido.
Pero esto no es más que el aspecto físico del fenómeno. Para comprenderlo por completo, debemos acudir a la ciencia oculta. Unicamente ésta explica por qué la sangre lleva esa señal.
La sangre es una de las más elevadas expresiones del cuerpo vital. El Ego guía y controla su instrumento denso por medio de la sangre, y, por lo tanto, la sangre es también el medio empleado para obrar sobre el sistema nervioso. Durante parte de la digestión, actúa parcialmnete a través del sistema nervioso, pero (especialmente al comenzar el proceso digestivo) actúa directamente sobre el estómago. Cuando en las experiencias específicas citadas se inhibieron los nervios, el camino directo fue la sangre, la que estaba bajo el dominio del Ego y de la que derivaba la información necesaria en aquella forma.
También se verá que la sangre se acumula en cualquier parte del organismo en la que el Ego esté desplegando su mayor actividad.
Si en cierta situación se precisa pensar y obrar rápidamente, la sangre se dirige bien pronto al cerebro. Si hay que digerir una comida copiosa, la sangre abandona la cabeza para concentrarse en los órganos digestivos. Y el Ego concentra sus esfuerzos para librar al cuerpo de todo alimento inútil. Por lo tanto, un hombre no puede meditar bien después de haber comido copiosamente. Está soñoliento debido a que la mayor parte de la sangre ha abandonado el cerebro y la que queda es insuficiente para producir las funciones necesarias a la plena conciencia de vigilia; y, además, casi todo el fluido o energía solar especializada por le bazo es absorbida por la sangre que pasa a través de ese órgano después de la comida, en mayor volumen que entre comidas. Así que también el resto del sistema se encuentra privado de fluido vital en gran extensión durante el proceso digestivo. Es el Ego quien impele la sangre del cerebro. Cuando quiera que el cuerpo se va a dormir, la sangre abandona el cerebro, como puede probarse colocando a un hombre sobre un tablón balanceado. Cuando se duerme, bajará la tabla por los pies y subirá por la cabeza. Durante el coito, la sangre se agolpa en los órganos sexuales, etc. Todos estos ejemplos tienden a probar que durante las horas de vigilia, el Ego obra y controla su cuerpo denso por medio de la sangre. Y la mayor porción de ella se dirige siempre a la parte del cuerpo que, en un tiempo dado, sea el sitio donde el Ego esté desplegando su actividad.
La reconstrucción del cuerpo denso en la Revolución de Saturno del Período Terrestre tuvo por objeto el hacerlo capaz de quedar interpenetrado por la mente. Y se le dio el primer impulso para la construcción de la parte frontal del cerebro y, además, la división incipiente del sistema nervioso que, desde entonces, comenzó a hacerse aparente en sus subdivisiones: El sistema voluntario y el simpático. Este último fue el único que se obtuvo en el Período Lunar. El sistema nervioso voluntario no se obtuvo sino en el actual Período Terrestre, y por su intermedio el cuerpo se transformó de un mero autómata que era, obrando sólo bajo el estímulo exterior, en un instrumento extraordinariamente adaptable, capaz de ser guiado y gobernado por el Ego desde adentro.
El trabajo principal de tal reconstrucción fue ejecutado por los Señores de la Forma. Esta Jerarquía Creadora es la más activa en el actual Período Terrestre, así como las más activas del Período de Saturno fueron los Señores de la Llama, los Señores de la Sabiduría en el Período Solar y los Señores de la Individualidad en el Período Lunar.
El Período Terrestre es eminentemente el Período de la Forma, porque aquí es donde la forma, o la parte material de la evolución está en su grado más elevado o en un estado más pronunciado. Aquí es donde el espíritu está más abandonado y cohibido, y la forma es el factor más dominante. Y de aquí el predominio de los Señores de la Forma.
Los Angeles, que eran la humanidad del Período Lunar, fueron ayudados por los Señores de la Forma en su reconstrucción. La organización del cuerpo vital es ahora, en su eficacia, el más próximo al cuerpo denso. Algunos que han escrito sobre este asunto afirman que sólo es un eslabón, y sostienen que no es más que el molde del cuerpo denso y no un vehículo separado.
Si bien no deseamos criticarlos, y si bien admitimos también que esa formación parecer ser justificada por el hecho de que el hombre, en su estado actual de evolución, no puede ordinariamente emplear su cuerpo vital como un vehículo independiente -porque siempre permanece con el cuerpo denso y extraerlo de él en total causaría la muerte de éste-, consta, sin embargo, que hubo un tiempo en el que no estaba tan firmemente incorporado con el último, como veremos muy pronto.
Durante las épocas de la historia de la Tierra, que han sido llamadas Lemúrica y Atlántida, el hombre era un clarividente involuntario, y precisamente la falta de conexión entre el cuerpo denso y el vital era lo que producía ese fenómeno. Los iniciadores de ese tiempo ayudaban al candidato a perder esa conexión aún más marcadamente, como en el clarividente voluntario.
Desde entonces el cuerpo vital se entretejió mucho más firmemente con el cuerpo denso en la mayoría de los hombres, pero no en los sensitivos. Esa falta de conexión es lo que constituye la diferencia entre el psíquico y el hombre corriente que está inconsciente de todo lo que no sean impresiones de sus cinco sentidos. Todos los seres humanos tienen que pasar a través de ese período de estrecha relación entre sus vehículos y experimentar la consiguiente limitación de conciencia. Hay, por lo tanto, dos clases de sensitivos: Los que aún no se han sumergido firmemente en la materia, como por ejemplo, la mayoría de los hindúes, los indios, etc., que poseen cierto grado de clarividencia o que son sensibles a los sonidos de la Naturaleza, y aquellos que van a la vanguardia de la evolución. Estos últimos están surgiendo del pináculo de la materialidad, y pueden dividirse en dos clases, una de las cuales se desarrolla de una manera pasiva, sin energías. Por medio de la ayuda de los otros vuelven a despertar el plexo solar u otros órganos relacionados con el sistema nervioso involuntario. Por lo tanto, son clarividentes involuntarios, médiums que no tienen gobierno alguno sobre su facultad. Han retrocedido. La otra clase está compuesta por los que voluntariamente desarrollan los poderes vibratorios de los órganos relacionados actualmente con el sistema nervioso voluntario, y de esta manera se convierten en ocultistas ejercitados, que dominan sus propios cuerpos y ejercen la facultad de la clarivisión a su propia voluntad. En consecuencia, se les denomina clarividentes voluntarios.
En el Período de Júpiter, el hombre funcionará en su cuerpo vital de igual manera como funciona ahora en su cuerpo denso; y como ningún desarrollo es súbito en la Naturaleza, el proceso de separar los dos cuerpos ha comenzado ya. El cuerpo vital alcanzará un grado mucho mayor de eficiencia que el que tiene actualmente el cuerpo denso. Como que es un vehículo mucho más flexible, el espíritu podrá, entonces, usarlo de una manera imposible de realizar con nuestro vehículo denso actual.
En esa revolución los Arcángeles (la humanidad del Período Solar) y los Señores de la Forma se hicieron cargo de la reconstrucción del cuerpo de deseos, pero no hicieron solos ese trabajo. Cuando se verificó la separación del Globo en dos partes, hubo una división semejante en los cuerpos de deseos de algunos de los seres evolucionantes. Hemos ya indicado que cuando tuvo lugar esta división, la forma estaba pronta para convertirse en vehículo de un espíritu interno, y con objeto de llevar más adelante este propósito, los Señores de la Mente (la humanidad del Período de Saturno) tomaron posesión de la parte más elevada del cuerpo de deseos e implementaron en él el yo individual, sin el cual el hombre actual, con todas sus gloriosas posibilidades, no hubiera podido existir.
Así que en la última parte de la Revolución Lunar, el primer germen de la personalidad individual quedó implantado en la parte superior del cuerpo de deseos por los Señores de la Mente.
Los Arcángeles continuaron obrando sobre la parte inferior del cuerpo de deseos, dándole los deseos puramente animales. Fueron ellos también los que trabajaron sobre el cuerpo de deseos cuando no había división alguna sobre él. Algunos de esos Arcángeles se convirtieron en los vehículos del espíritu-grupo animal, que trabajan en ellos desde fuera, y nunca penetran del todo dentro de las formas animales, como el espíritu individual lo hace dentro del cuerpo humano.
Durante el Período Terrestre se reconstruyó el cuerpo de deseos con objeto de hacerlo capaz de quedar interpenetrado por la mente germinal, cosa que se efectuó en todos aquellos cuerpos de deseos que admitían la división ya mencionada. Como se explicó ya anteriormente, el cuerpo de deseos es un ovoide inorganizado que tiene el cuerpo denso en su centro como una mancha oscura, así como la clara del huevo rodea a la yema. Hay cierto número de centros sensoriales (perceptores) que han ido apareciendo desde el principio del Período Terrestre. En el hombre ordinario esos centros parecen remolinos en una corriente, y no están despertados, y, por consiguiente, su cuerpo de deseos no tiene utilidad alguna para él como vehículo independiente o separado de conciencia; pero cuando esos órganos sensoriales (perceptores) se despiertan, entonces brillan como vórtices en rapidísima rotación.
Podemos comparar los períodos con las diferentes encarnaciones del hombre; la Noche Cósmica que tiene lugar entre ellos a los intervalos entre la muerte y el nuevo nacimiento; y el intervalo de reposo entre Revoluciones, al período de reposo del sueño de cada noche, es decir, entre dos días.
Cuando la Noche Cósmica llega, todas las cosas manifestadas se resuelven en una masa homogénea; el Cosmos se convierte nuevamente en Caos.
Este retorno periódico de la materia a la substancia primordial es lo que habilita al espíritu para evolucionar. Si el proceso de cristalización de la manifestación activa continuara indefinidamente, ofrecería un obstáculo insuperable al progreso del espíritu. Cada vez que la materia se ha cristalizado hasta el punto en que se hace demasiado pesada y dura para que el espíritu pueda obrar en ella, éste se retira para recuperar su energía, ya exhausta, así como un taladro que haya estado agujereando metales muy duros llega a pararse, y entonces se guarda durante algún tiempo para que se recupere.
Libre ya de la energía cristalizante del espíritu evolucionante, las fuerzas químicas de la materia convierten el Cosmos en Caos, restaurando a la materia a su estado primitivo, de manera que nuevamente puedan comenzar la obra los espíritus virginales regenerados, cuando llegue la aurora de un nuevo Dia de Manifestaciones. Las experiencias obtenidas en los primeros Períodos y Revoluciones capacitan al espíritu para reconstruir hasta el punto últimamente alcanzado, con relativa rapidez, y, además, facilita el progreso ulterior haciendo las alteraciones que sus experiencias acumuladas le dictan.
Así que al final de la Revolución Lunar del Período Terrestre todos los globos y toda la vida volvieron al Caos, remergiendo de allí al comenzar la Cuarta Revolución.
Aún entonces, las espirales dentro de espirales, impidieron que principiara inmediatamente después de la llegada de la oleada de vida del Globo C, porque el germen de la mente nos e obtuvo hasta la cuarta época, siendo las tres primeras épocas ulteriores recapitulaciones de los Períodos de Saturno, Solar y Lunar, pero siempre en grado superior.